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jueves, 11 de julio de 2013

Seremos siempre estrellas





Seremos siempre estrellas
Airan Casas







Barcelona, 6 de junio de 2013.




Nunca tuvimos una canción. Nunca tuvimos nada en común aparte de lo que intentamos considerar una relación. Y ahora que me voy para siempre me siento libre para decírtelo, aunque sea en una carta: Nunca te amé. 

Sé que no te resultará extraño y ni siquiera te sorprenderá ni te dolerá. Llevamos siete meses sin vernos prácticamente. Siempre tiene algo que hacer la señorita: Que si un congreso, que si de fiesta con sus amigas, que si hoy no le apetece que nos veamos… Y mientras tanto yo pasando por las peores semanas de mi vida… Ah no, siempre tuve algo tuyo conmigo. Esa insoportable, malcriada y apestosa Nancy, que como tú, solo me quiere por interés. 

Como sabes, y aunque no quisieras admitirlo, nuestra relación estaba más que muerta… Y fíjate ahora… Has ganado la batalla. Por eso quiero dejarte todo mi rencor en esta carta, para que cuando la leas y ya no esté aquí te sientas como lo que eres: Una auténtica mierda. Sí… Con todas sus letras. ¿Te sorprende que te llame así no? ¿Te sorprende que de repente el chico tímido que conocías y que no te negaba nada te diga eso?

No me extraña que te sorprenda. Siempre fuiste experta en manejar mis cuerdas y llevarme siempre a donde te interesaba. Y yo como un idiota esperaba poder verte, mientras tú te zumbabas a medio Barcelona. Con tus amigas de fiesta, claro… Esas amigas que no existían… Esas que te inventabas para poder ponerme los cuernos. Y pensabas que era tan tonto que no me enteraría, ¿Verdad? Pues lo sé desde hace más de un año.

Ahora me arrepiento de tantas cosas… De no haber luchado por conquistar a Marian… El amor de mi vida. Te jode ¿verdad? Pues sí. Eso espero, que te duela en lo más profundo. Porque mientras tú abrías la puerta de mi piso a todos esos tíos asquerosos yo te respetaba; aún sin amarte. Porque teníamos un maldito compromiso: Fidelidad. ¿Sabes lo que significa esa palabra?

Después de todo este tiempo he comprendido que para ti solo era una fuente de ingresos. Bueno, a veces pienso que en el fondo sí que me querías un poco… Básicamente tenías ese síndrome de los infieles, que sois incapaces de dejar a sus parejas porque os parece muy cómodo que haya siempre alguien ahí que os ame pase lo que pase; que os abracen al llegar y os digan lo maravillosos que sois… mientras buscáis la pasión en los brazos de otros. Egoísta e inhumana… Eso es lo que eres y siempre has sido.

Y sin embargo no te echo la culpa a ti de todo, ¿Sabes? Soy yo el idiota que quise olvidar a la mujer que amaba contigo. El que se sentía tan mal por ello que te empezó a coger cariño y a intentar algo. La culpa es mía por no haber sido fiel a lo que sentía y por dejarme seducir por tus curvas… Sí Joce. Las tienes y eso no te lo va a quitar nadie… Pero una serpiente también tiene curvas y no por ello deja de ser letalmente venenosa.

No te preocupes por Nancy. Se la he dejado a Bolo para que la cuide mientras vienes de ese eterno viaje familiar que estás haciendo. No te quiero llamar porque me irrita tu voz. No puedo aguantar ni una vez más que me llames “papi” como si no pasara nada e intentes conservar el pequeño imperio que has creado a mi costa. Tranquila, Bolo cuidará a tu impertinente perra. Aunque lo hayas odiado siempre (Y el te odie a ti) nunca le haría daño. Ni siquiera a ella.

No me queda mucho más que decirte Joce. Supongo que tu vuelta a la realidad no va a ser fácil. Especialmente cuando vuelvas y veas que no tienes piso y que tus cosas estarán… ¡No sé donde! ¡Pero tampoco me preocupa! Espero que puedas reiniciar tu vida. Lo mismo alguno de tus fornidos amantes te acoge en su casa… Pero no te confíes mucho porque no todo el mundo es tan ingenuo como yo.

A pesar de todo te deseo que no seas infeliz y que busques la verdad. No vale la pena vivir una vida creada a base de mentiras.



Adrián








Barcelona, 8 de junio de 2013.




¡Boliiiiitoooooo!


Mi bolo, mi niño… Mi colega… Mi novio platónico e ideal si hubiese tenido la suerte de sentir como tú. No llores. Sé que con lo drama queen que eres ahora vas a tener que tomarte una pausa para secarte las lágrimas y continuarás leyendo esto en un ratito, cuando te baje la histeria. Jejeje Te conozco como si te hubiese parido. Bueno… ¡Qué parido ni parido!… ¡Eres como un hermano! (Además, soy demasiado joven para ser tu padre, como tú siempre me dices a mí). Eres el amigo que siempre estuvo ahí, en lo bueno, en lo malo y en lo peor. Espero que ya cuando llegues a este punto hayas soltado el pañuelo y hayas sacado una de tus carcajadas escandalosas que tanto me han dado vida.

No sabes cómo me duele tener que decirte adiós. Sé que donde quiera que vaya, sea un paraíso o un infierno, no voy a encontrar a nadie como tú. Juntos nos hemos apoyado el uno al otro desde… ¡Desde que tengo conocimiento y noción del tiempo! Desde aquellos momentos surrealistas después del colegio en los que nos inventábamos historias mientras volvíamos a nuestras casas y comíamos gominolas, hasta ese último momento en el que te vea y te diga cuanto te quiero sin que tú sepas lo que me ocurre.

Sé que no te creerás lo que me ha pasado… yYo tampoco me lo creía. Me ha costado mucho asimilarlo. Perdóname no haberte contado nada. Espero que entiendas ahora mi actitud de los últimos tiempos… Mis momentos de paranoia, de querer estar solo, y luego de no querer separarme de ti… Espero que me perdones por mi mal humor, por las veces que he estado irritable, las excusas que te he dado para no vernos y las llamadas en mitad de la noche para que vinieras a verme. Ya te lo olías pero tuviste la delicadeza de ser sutil, porque me conoces bien, y sabes que me suelo guardar esas cosas que tanto duelen, y que soy muy celoso de involucrar a los demás en mis problemas. Ahí te has portado como un auténtico gaycaballero.

Nunca podré agradecerte todo lo que significas y has significado para mí. El papel de madre y hermano y amigo que has hecho… las veces que me has hecho reír a carcajadas con tus mariconerías hilarantes y lo bien que siempre has sabido aconsejarme y ser mi confidente. Gracias también por cuidar a Félix y por traérmelo de vez en cuando para verlo. Esa Nancy maldita nos separó, pero sabes que siempre fui fiel a los gatos más que a los perros.

Por cierto… Te pido un último favor… Cuida a Nancy y las cosas de Jocelyn hasta que las pase a buscar. Si por mi fuera se las tiraba todas al contenedor, pero sabes que nunca podría. Hace unos días le escribí una carta, pero me arrepiento de haber sido muy duro y quizás no se la envíe. A veces es mejor así. Perdóname por no haberte hecho caso… Siempre tuviste la razón con ella. Tu mirada crítica no se equivocaba. Lamento haberme dado cuenta demasiado tarde. Aleja a Félix de esa perra, ¡Por favor! No dejes que se peleen. Sé que te has encariñado con él así que… qué mejor regalo para ti que mi querido Fé. J Sé que lo vas a seguir cuidando como merece.

Bueno, otro favor… y mucho más importante… Dile a Marian que la quiero. Solo eso… Ya sabes el resto. ¡Ojala hubiese sido más valiente Bolo!

Mi madre te preguntará por mí. Eres el único amigo que ella ha conocido. Voy a escribirle algo… No tengo ganas de hacerlo pero no quiero irme sin decirle algo.

Y el último favor… Bolo… Cuídate mucho. No hagas locuras de las tuyas. Ya verás que dentro de poco vas a encontrar el amor como te mereces. Espero que sea un hombre que te quiera y que te sepa valorar. Siempre te he aconsejado que busques a alguien honesto, sincero, que no tenga miedo a demostrarte su amor… A alguiien como yo, vamos jejeje. Sé que en tu mundo parece imposible, pero estoy seguro de que lo encontrarás, porque tú lo mereces más que nadie.

Odio las despedidas… Lo sabes. Por eso solo te diré una cosa: No me voy a ir a ninguna parte. Cada vez que te acuerdes de mí… Estaré contigo. Te prometo que si la vida después de la muerte existe, estaré vigilándote. Bueno… No en tus momentos íntimos, claro… ¡¡¡¡ARGHHHHH!!! Jejeje.

Un beso y un abrazo enormes.

Tu mejor amigo siempre:

Adrián



  





Barcelona, 8 de junio de 2013.




Querida madre:


Para mí es muy duro sentarme a escribirte ahora. Se me pasan por la cabeza mil cosas que reprocharte, mil insultos que gritarte, mil abrazos que nunca me diste que reclamarte… Pero no puedo hacerlo.

Me he ido. Y esta vez para siempre, no como cuando me marché huyendo de casa. Ahora ya no sirve de nada todo el rencor ni la incomodidad que hubo en los últimos años.

Siempre intenté entenderte… Respetarte… Por eso pensé que lo mejor era que no supieras nada más de mí. Yo no podía vivir en aquel infierno al que tú llamabas hogar. Sé que tu único objetivo era hacerme feliz… Lo sé, y siempre he apreciado tus intenciones. Sé que fue duro verte sola con dos hijos y un marido así… pero nunca entendí que tu respuesta a todo eso fuera la que fue. Nunca comprendí que todo eso lo valoraras más que a ti misma y a tus hijos.

Sí, dije que no te iba a reprochar nada y no lo voy a hacer. No quería irme sin decirte que a pesar de todo… De la distancia, del tiempo sin vernos y sin hablarnos, y de lo que pienso de tus decisiones… Te quiero.

Algún sabio dijo alguna vez que en la vida elegimos casi todo… Excepto la familia en la que venimos al mundo. Yo seguramente hubiese elegido otra donde hubiese tenido menos dolor y sufrimiento alrededor, pero he aceptado lo que me tocó en este sorteo, y ante todas las cosas te quiero decir que estoy orgulloso de que seas mi madre.

Solo espero que todo haya cambiado… Que por fin nos hayas hecho caso a todo lo que te dijimos los que te queríamos, y que puedas desprenderte de esa adicción que tienes hacia esa persona que decidiste poner en tu vida. Quiérete más. Créeme cuando te digo que la vida te pueda dar un giro radical, y de repente te puedes ver sola, sin haber vivido lo que realmente querías vivir ni haber hecho ninguno de tus sueños realidad.

Lamento haberme ido así, sin avisar… Sin despedirme… Como cuando me fui de casa. Tal vez no sea la mejor decisión pero es mi decisión. Solo espero que no te cause más daño del que ya has pasado.

Quiero que sepas que te perdono. Que te acepto como madre y que deseo que tú puedas ser feliz como lo he sido yo durante este tiempo. Espero que tú también me pueds perdonar a mí.


Dale un beso enorme a Silvia. Espero que ella me perdone también.

Tu hijo,

Adrián 





  
           


Barcelona, 11 de junio de 2013.



Querida Marian:


Supongo que a estas alturas ya te habrás enterado de que me he ido. 

                                                                                                                                
            Me hubiese gustado despedirme de ti… Pero el hecho de hacerlo era muy difícil para mí. Lo intenté varias veces. Te esperé por fuera de tu oficina… Pero no tuve el coraje de entrar a buscarte y a decirte adiós.

            Me voy siendo un cobarde. Sabes lo tímido que siempre he sido. Desde aquella vez en la que nuestras vidas se cruzaron en aquel vagón del tranvía. Rumbo a la misma entrevista de trabajo. Ahí estabas tú con esa cara y ese halo de candor que desprendías siempre… No sé qué tenías y qué hiciste conmigo pero jamás me había atrevido a acercarme a una chica de aquella manera y a hablar con ella sin más… Pero contigo era diferente. Siempre lo fue.

            Ahora que no estoy es cuando tengo el auténtico valor de confesarte algo: Te he estado mintiendo todo este tiempo. Sí Marian… He sido un gran imbécil mentiroso contigo. Cuando te conocí te dije que me caías muy bien. Era mentira. Cuando empezaste a coger confianza conmigo te dije que podías contar conmigo porque era tu amigo. Te engañé. Cuando me contabas tus inquietudes y tus desamores te animaba a seguir buscando a alguien para ti. No sentía nada de lo que te decía.

            No. No me caías muy bien… Me habías enamorado. No quería ser tu amigo. Quería ser tu marido… Y no qquería que buscaras a nadie más… Quería que me encontraras a mí. Sí Marian… Quiero que sepas que te amo… Que eres la persona a la que más tiempo le he dedicado mis pensamientos y mis sueños… A ti y nadie más.

            ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? Supongo que nunca tuve el valor de hacerlo de ninguna forma. Cuando te conocí y empecé a tontear contigo sentí que tú a mí no me querías de la misma manera. Tú me dijiste en nuestras conversaciones que te gustaban los hombres mayores que yo… diferentes a lo que yo era… Nunca tuve la certeza de haber hallado en ti una mirada especial. Tan solo la mirada de una amiga. Por eso jamás me atreví a decirte nada… Yo y mi timidez… Yo y mis inseguridades…

            No ha sido fácil para mí hacer de amigo. No ha sido fácil escucharte hablar sobre las citas que tenías con otros hombres… Ver que a pesar de que buscabas a tu prototipo… tu prototipo no te encontraba a ti… Y ahí estaba yo, ofreciéndote mi hombro y gritando por dentro “Yo estoy aquí”, “Yo te daría todo lo que te hace falta”, “Yo soy el hombre de tu vida Marian… ¡Despierta!” Pero no… Uno tras otro… Año tras año… El sentimiento que tenía por ti, en lugar de mermar iba creciendo. Cada fracaso amoroso que tenías y que me contabas era duro para ti… Pero para mí también. Dentro de mi alma envidiaba a esos hombres afortunados y estúpidos a los que les dedicabas tu tiempo. Afortunados porque una mujer como tú se fijara en ellos, y estúpidos por no saber valorar lo que tenían delante de sus ojos.

            Un día decidí que no podía soportarlo más. Te había intentado olvidar de mil maneras… Había buscado a otras mujeres, te mentía cuando te decía que yo no necesitaba a nadie… Sí Marian… Te necesitaba a ti. Cuando Jocelyn llegó a mi vida intenté que aquello me hiciera olvidar todo lo que sentía por ti. Pero aún habiendo intentado rehacer mi vida sentimental con otra mujer… Tú eras la única persona por la que latía mi corazón.

            Jamás te hubiera podido decir esto en persona. Lo sabes, ¿Verdad? Sobre todo después de que por fin encontraste a alguien que sí supo valorarte y darte el amor que tanto habías buscado. Pero ahora que me voy… Ya puedo ser sincero contigo. Te lo debía, por todo lo que tú has hecho por mí.

            Me voy sin haber tenido nunca un beso tuyo… es un dolor que tendré que soportar… Pero al menos me voy sabiendo que, aunque soy un cobarde, te he podido decir lo mucho que me has enamorado con tu forma de ser y con tu sonrisa. Tal vez nunca fui tu prototipo de hombre, pero siempre supe ver en ti algo especial y maravilloso que no he visto en nadie más. Eres especial. Nunca lo olvides.


Alguien que jamás te olvidará.

Adrián.










Barcelona, 1 de junio de 2013.


                                      

Querido Adrián:


Qué difícil me va a resultar esto de escribirme a mí mismo. Lo anticipo ya. Nunca he confiado en las terapias ni en los psicólogos pero voy a intentarlo para ver si me puedo quitar esta carga de encima.

            Solo siento rabia, dolor, tristeza, angustia… Llevo seis días sin dejar de llorar… En blanco… Como si estuviera muerto. ¿Estoy muerto? ¿Qué es la vida al fin y al cabo? ¿Qué es la muerte? Esa pregunta que todos nos hacemos hoy me la planteo con más seriedad que nunca.

            Hace una semana me detectaron –Esa enfermedad- Su nombre es impronunciable para mí. Me da una repulsión inmensurable. Para colmo (Yo y mi aprensión por los médicos) me la han detectado demasiado tarde. Como en una película de esas de llorar… “No te damos más de dos semanas de vida” ¿Es real? ¿Estoy vivo o muerto? Aquellas frías palabras, en aquella fría consulta de hospital… ¿Por qué los médicos no son un poco más como los amigos, que te suavizan las malas noticias o te dan una buena antes para compensar? Directo y claro. Sin mirarme a los ojos “Eres un puto fiambre”. ¿Quieres ver a un psicólogo para que te ayude?

            Y aquí me veo yo… en medio de la nada. Sentado ante un lápiz y un papel para hacer el ejercicio de soltar todo el veneno que llevo dentro. Pero no funciona… Lo sé que no… ¿Qué hago perdiendo el tiempo aquí mientras mi cuenta atrás interna se va consumiendo? ¿No debería estar en Las Bahamas disfrutando de los últimos días de playa o comiendo perritos calientes como un poseso? ¿No debería estar disfrutando de los placeres de la vida que me quedan en vez de estar aquí martirizándome?

            Podría coger a la maldita perra de mi novia y lanzarla por la ventana. Me llenaría de satisfacción hacerlo. Ahí está ella tan tranquila mordiendo el maldito sofá de diseño italiano que Jocelyn compró. Ojala se atragante con él. Y mientras yo… aquí… Muriéndome.












Barcelona, 2 de junio de 2013.



Querido Adrián:



            Segundo intento. Ayer no pude. Lloré y lloré… No sabía que mi cara podía albergar tantas lágrimas… Y no es que no haya llorado en mi vida precisamente. Ya me puso ese hipotético Dios en el camino bastantes pruebas: Una familia infernal, un desamor crónico ¡Y a Nancy! No puedo con esa perra. Al final voy a acabar tirándola de verdad por el balcón. Sin remordimientos. Sus ladridos me taladran el poco cerebro que me queda. La verdad… Prefiero morirme ahora que tener que soportarla más.

            La psicóloga me dijo que hiciera una lista con las cosas positivas de mi vida, y otra con las cosas que me gustaría hacer antes de que llegue el día. Cuando me dicen eso siento que, llegado un día y una hora concretos, me desconectaré como si fuera una batidora a la que desenchufan. Pero sabemos que no es así… Sabemos que habrá dolor y agonía. Encima no me dejan que me practiquen la eutanasia. Tantos avances en el mundo y aún la maldita Iglesia nos dirige a todos como borregos. No es justo.

            No quiero decirle nada  a nadie y eso se me está haciendo duro. Sobre todo por Bolo. Y por Marian… Me siento fatal por comportarme así con ellos. Espero que me perdonen. Tal vez me ponga a ello y les escriba algo para disculparme. No quiero irme y dejarles con el mal sabor de boca. Ya veré si tengo fuerzas para hacerlo… Hoy no quiero salir. No quiero hacer nada. Solo dormir.


Adrián… Coge fuerzas.











Barcelona, 3 de junio de 2013.




                                                       
Querido Adrián:

He pensado y pensado todo el día y toda la noche. Aquí están las cosas por hacer:

-Decirle a mi madre que la quiero a pesar de todo
-Decirle a Silvia que la quiero
-Decirle a Bolo y Pituqui que los adoro
-Ir a ver a Marian y decirle lo que siento.
-Llamar a Jocelyn
-Matar a Nancy
-Acariciar a Félix
-Ir a comer al restaurante griego que siempre quise ir                  
-Pensar cosas positivas
-Mirar el álbum de fotos
-No morir.











Barcelona, 5 de junio de 2013.





Querido Adrián:



Estoy harto de pensar qué escribirte. Llevo dándole vueltas a cómo escribir la parte positiva de mi vida… ¿De qué me va a servir? No me sale nada.  A veces recuerdo alguna cosita pero mi mente está atrayendo más lo malo que lo bueno.

            Hoy cogí el teléfono para llamar a Jocelyn, pero no lo hice. No pude hacerlo. Estuve a punto de contárselo todo pero me sentí vacío. No hay nada. Nunca lo hubo… ¿De qué sirve llamarla ahora? Creo que le escribiré una carta y se la dejaré aquí para cuando vuelva. Aquí estarán mis últimas alegaciones… Justo encima de la cómoda milanesa de siglo XIX que me hizo comprar y que tanto odio.

            Fui a ver a Marian. Pude verla de refilón a través del cristal de la oficina. Impresionante… Con los rizos a los dos lados de la cara… No pude entrar a buscarla. Me siento mal. No quiero que me vea así. No así.










Barcelona, 6 de junio de 2013.





Querido Adrián:



Acabo de terminar una carta para Jocelyn. Pensé que me iba a costar más escribirla, pero me ha salido todo del tirón. Ahora me arrepiento de algunas cosas que puse. He sido muy duro. Ni siquiera ella merece esto. Además… no quiero irme con rencor. Quizás nunca se la entregue. No lo sé. Ahora escribiré la de Bolo… Bueno… Creo que voy a pasar por hoy. Me duele la espalda. Últimamente me duele más que nunca. Empieza el viaje en montaña rusa me temo… Y en ésta no hay cinturones de seguridad.




                                                       




Barcelona, 11 de junio de 2013.




Querido Adrián:



Perdona que haya tardado tanto en escribirte. Llevo unos días muy jodido y, la verdad, he puesto todos mis esfuerzos en dejar unas últimas palabras para mamá y para Bolo. Las personas más importantes de mi corta vida, podría decir. Ha sido duro escribirlas. Lo he tenido que hacer en varios días porque no he podido hacerlo del tirón… entre lágrimas y recuerdos. Creo que eso me ha ayudado a recordar cosas buenas.

            Una de las cosas positivas… sin duda… El haberme enamorado. Marian… ¡Qué daría por verte una vez más! Ese sentimiento cuando estoy contigo... Esa canción que de repente suena cuando tú estás cerca ¿No es eso lo más grande que una persona puede vivir en toda una vida? Y por supuesto mi amistad con Bolito… Me llevaré todo eso a donde tenga que mudarme a partir de ahora.

            Ahora permíteme querido Adrián que le dedique un poco de tiempo a ELLA. Tal vez ella me inspire un poco más para ver el lado positivo de la vida que tanto me cuesta ahora mismo.


No llores más. Te quiere:

Adrián.









Barcelona, 13 de junio de 2013.





El universo se había confabulado. Los planetas se alinearon, y en el seno de una humilde familia cósmica nació Adrián, una pequeña estrella que no destacaba por nada en especial, pero que tenía un brillo curioso. Su madre le dio todo el amor que nunca le dio nadie a una estrella. A pesar de que eran humildes puntitos en el inmenso cielo negro, ella luchó contra viento y marea por darle candor a su hijo. Pronto vendría Silvia, una estrella hermana en la constelación de los Martínez. Tres estrellas que brillaban a pesar de que la tormenta siempre intentaba cubrir con sus nubes negras el precioso cielo nocturno. La tierra se iluminaba para Adrián… ¡El mundo era suyo! Visto desde arriba parecía inmenso.

            Aunque al principio jamás lo logró entender, Adrián descubrió que, aunque a veces su madre dejara de brillar, solo lo hacía para pasar desapercibida en el cielo, y que fueran sus dos hijas las estrellas que lo hicieran. Adrián no supo verlo, y pensaba que su madre se había apagado definitivamente… Que había perdido el fuego que la había hecho brillar. Intentó darle un poco del suyo… pero su madre permaneción apagada… Inerte… Fría. Donde antes había calidez… Ahora no había más que restos del pasado.

            En aquella oscuridad… Adrián y Bolo, otra estrella que se estaba apagando con él, decidieron irse para siempre a buscar nuevos cielos donde poder resplandecer y encandilar a todos. ¡Y vaya si lo lograron! ¡Juntos eran imparables! Eran estrellas gemelas… Seres destinados a compartir constelación. Junto se pusieron en marcha… ¡Eran estrellas fugaces!

            En aquel nuevo cielo al que llegaron, pronto encontraron a otras estrellas con las que formar constelaciones. Bolo se movía como una estrella fugaz por el inmenso cielo, buscando a quién encandilar, aunque le costaba encajar. La estrella Adrián, por su parte, conoció al cuerpo celeste de su vida… La más resplandeciente y alucinante del todo el firmamento.

            Aquella estrella brillaba con una candorosa luz cálida y acogedora… Entonces Adrián empezó a brillar como nunca antes lo había hecho. ¡Tenía todo lo que necesitaba para resplandecer! Tenía una familia que lo quería como nunca y una estrella a la que siempre seguir y admirar, que le hacía sentirse el astro más importante de todos.

            Pero con el tiempo Adrián llegó a aprender que las estrellas no brillan para siempre. A pesar de que su luz nos ilumina cada noche, que miles de enamorados y soñadores las miran, que hombres sabios las estudian y que los más supersticiosos incluso piden un deseo cuando las ven… A pesar de que nos hacen felices… Un día se apagan.

            Pero también Adrián aprendió que aunque se apaguen, su esencia queda ahí. No desaparecen. Siguen vigilándonos desde el cielo.

            Hay estrellas que caen y estrellas que nacen cada día. Lo más importante no es crear una estrella o verla morir… Lo que importa es verlas pasar. Lo esencial es que su brillo y su luz hayan servido para algo…

            Y ciertamente la estrella Adrián, sin ser la mejor estrella ni la más longeva, supo cumplir con su función. Esa función para la que siempre estuvo destinado desde que nació: Que la oscuridad no se adueñara de su vida.

Siempre tendrás una canción, Adrián. ¡Siempre serás una estrella!





Airan Casas.





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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Amistad








Amistad
 AIRAN CASAS

Amigos que siempre estuvieron ahí
Aquellos que mantuvieron la fe
Cuando en algún momento flaqueé
O los que me prestaron apoyo
Cuando mis piernas ya no podían andar
Amigos que ya no siguen ahí
Que fueron importantes
Que me hicieron reír
Para acabar haciéndome llorar
Amigos que me dijeron una gran mentira
Cada vez que los quería ver
Amigos que se crearon
Una nueva vida donde no estaba yo
Amigos que siguen ahí hoy
Aunque sabemos que ya nuestra amistad murió
Los hay que de repente aparecen
Cuando menos esperabas encontrar amistad
Los hay que se van cuando más la necesitas
Sin importarles lo que dejan atrás
Amigos que surgen de un enemigo
Amigos de un solo día
Amigos que buscan tu luz cuando ya no ven más
Amigos que te dedican paciencia y comprensión
Los que reaparecen después de años sin verse
Y en ellos encuentras la satisfacción del hogar
Amigos que reaparecen después de años sin verse
En los que  todo ha muerto ya
Amigos que te hablan sin parar
Amigos que te escuchan sin tú pedirlo
Amigos rápidos de internet
O los que duran toda una vida
Amigos con los que quisieras algo más
Y los que te exigen sin descansar
Aquellos que no se acuerdan
Y los que no quieren olvidar
Amigos a los que echas de menos
Y aquellos de los que no te puedes librar
Amigos a los que pedir perdón
Porque les fallaste más de una vez
Amigos que se esfuman
Y cuando te despiertas no están
O a los que tú dejaste
Porque necesitabas cambiar
Si sientes algo que te da la vida y te la quita
No lo dudes en llamarlo Amistad.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Madrid







Publicado en nuevosperiodistas.com el 7/6/2008


Madrid
AIRAN CASAS


Ayer pude mirar a Madrid a los ojos. Detrás de la bohemia, de las luces de neón y del gran nombre de “capital” que resuena como el eco. La miré esquivando los fotogramas idílicos de las películas de Almodóvar y las imágenes de las postales que venden en la Puerta del Sol. Detrás del telón de terciopelo bordado con hilo de oro puedes ver la otra cara de la función.

Madrid no resplandece. Su mirada es distante y vaga. Afligida por el humo de las calles y por el olor a ajo y a col. La ciudad está envejecida, en forma y en pensamiento, y por sus calles de piedra ya sólo caminan alpargatas de pobres que buscan un lugar donde refugiarse, los zapatos de piel manchados de los ejecutivos avaros que andan deprisa, y las zapatillas lánguidas de las señoras con clase, que visten pieles pero te empujan sin perdón. Y mi paso es demasiado lento para esas calles de ritmo atroz.

            Pude escuchar a Madrid. El murmullo que no cesa se ha convertido en un grito de dolor, y en los insultos de habitantes cabreados que se han olvidado de la educación. Las canciones tristes de los mendigos que duermen alineados en el túnel de la Plaza de España se escuchan a lo lejos, y ni siquiera en el templo olvidado o en el parque aislado te libras de la agonía de su dolor.

            La ciudad vieja envidia a Londres y a París. La ciudad sucia no guarda su sonrisa para ti. Y cuando estás allí, es difícil no dejarte absorber por un espíritu extraño que viaja raudo en el metro. Si te descuidas, te puede atropellar, y te convierte en uno de ellos. En un corazón de alquitrán.

            Un café en Madrid de día. Un paseo de noche por las calles frías. Mira alrededor y observa los rostros secos de la gente. Las miradas a las que les falta la luz.

            Ayer miré fijamente a los ojos de Madrid...



miércoles, 12 de octubre de 2011

La implacable Nonoe




La implacable Nonoe
AIRAN CASAS


Jamás podré olvidar el primer recuerdo que tengo de Nonoe. Todo aquello era nuevo para mí y andaba un poco perdido… Pero supongo que es normal hacerlo cuando llegas a un nuevo trabajo, ya que, entre la emoción por empezar a hacer algo que realmente te gusta y los nervios de empezar una etapa nueva, el corazón te late a mil revoluciones y tus ojos se abren como tulipanes en mayo, intentando absorber todo lo que te rodea, como si fueras una esponja.

            Tras pasar el portal de Majoy Comunicaciones, muy sobrio y ordenado, el primer rostro que vi fue el suyo. No recuerdo bien si sus labios dibujaron una sonrisa. Creo que sí, pero no me atrevería a jurarlo. De haber sido así, ese efímero momento de cordialidad sería el único que habría podido presenciar sobre ella. Todo pasó muy rápido aquel día, pero a pesar de no recordar ese detalle, jamás podré olvidar su postura, su olor y su aura. Y eso que yo no creo en esas tonterías de las auras, pero ella tenía una y muy visible.

            Lo más llamativo de aquella situación fue esa famélica figura, insignificante y pálida, casi translúcida, erguida sobre dos zapatos. Sus rasgos orientales eran un auténtico misterio, pues no sabía leerlos. Suelo ser muy bueno leyendo rostros… todos menos el suyo. Es algo extraño… como si tuviera una especie de protección para ocultar lo que era. Los ojos rasgados y el pelo negro eran un amplio cartel luminoso que atraía las miradas de todos los que se enfrentaban visualmente a ella por primera vez. Y sí, el aura… Eso era funcionalmente relevante… El aura que me inquietaba y me atraía a partes iguales. El aura misteriosa de la que a partir de aquel día iba a ser mi nueva jefa.

            Nonoe Kagoshima. Un nombre con guasa. Había venido a España hacía unos doce años desde Hachinohe, una ciudad pesquera en el norte de Japón. Algunos dicen que llegó a la empresa por amor, arrastrada por uno de los socios de Majoy Corporation International, otros, los más ruidosos, dicen que empezó desde lo más bajo a escalar posiciones hasta convertirse en esa mujer a la que yo llamo “La implacable”. Por la empresa se habla mucho de ella… No es extraño. “La China”, como la llaman aquí la mayoría, se ha ganado ese honroso título de ser la persona más despreciable de la empresa… Y ella ni siquiera lo sabe. Aunque lo intuye… Porque esas cosas antes o después acaban llegándote de una manera o de otra… La cuestión es… ¿Le importa?

            Aquel primer contacto con Nonoe no pasó de ser “correcto” o simplemente formal. Me llamó y me saludó fríamente para hacerme pasar hasta el lugar donde ejercería mi trabajo. Las oficinas suelen ser muy frías, pero esta lo era especialmente. Me senté en mi sitio, rodeado de completos desconocidos, algunos de ellos también nuevos, y ella presidió la fila de mesas de manera solemne. Justamente, mi sitio fue a caer muy cerca de su trono presidencial. Tras unas breves instrucciones, nos instigó a que empezáramos a producir, así que los trabajadores cogimos los teléfonos y empezamos a llamar buscando clientes. Miré hacia ella durante una milésima de segundo, y justo en ese momento ella me miró a mí. Ese encuentro de ojos me hizo sentir un escalofrío muy incómodo y aparté mi mirada… Ese aura… Pensé por momentos en la oscuridad de su mirada, pero decidí continuar con mi trabajo sin darle más importancia.

            Aquel primer día estaba siendo agotador, pero al mismo tiempo, el misterio de conocer lo nuevo lo hacía al mismo tiempo muy emocionante. En aquel momento jamás me hubiera imaginado que aquellos primeros días tan emocionantes acabarían convirtiéndose en lo que acabaron siendo: Una escabechina samurai.


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            La hora de la comida era sin duda el momento más interesante del día en aquella empresa. Una mesa con diez comerciales es algo a tener en cuenta, pues en ella no falta nunca el parloteo y el intentar superar con ingenio los comentarios que han dicho tus compañeros. Y hablando de compañeros… Los diez comerciales que formábamos el quipo de Nonoe éramos demasiado diferentes entre sí, pero juntos, no sé por qué motivo, funcionábamos bien. Supongo que se trataba de una operación matemática consistente en que uno sumaba con sus virtudes las carencias que el otro tenía. Entre los diez éramos cinco comerciales nuevos. Cinco plazas que habían quedado desiertas, según me pude enterar después con el modo cotilleo encendido, porque ninguno de ellos aguantó los embistes de Nonoe. ¿Era posible que una persona tan insignificante pudiera ser tan peligrosa?

            Entre los nuevos estaba Flor. Era una chica a la que perfectamente podría definir como “feliz” puesto que su simpatía adornaba aquella oficina con su misma presencia. Era todo lo opuesto a Nonoe: Era gordita, risueña y dejaba ver todos y cada uno de sus sentimientos y emociones. A veces su ingenuidad jugaba en su contra, puesto que en más de una ocasión acababa decepcionada con su trabajo porque, como ella solía decir, “Yo no sé engañar a la gente”, algo que para aquel trabajo era esencial. Por otro lado, ese carisma que indudablemente tenía, la convertía en una valiosa pieza para la empresa. “Eres necesaria pero no imprescindible” Oí a Nonoe dirigirse a ella con estas palabras, intuyendo que ese carisma no le gustaba nada a la Implacable. Más de una vez acabó llorando en el baño, escondida para que nadie viera que lo pasaba fatal.

            Por otro lado, Aldo era otro de los nuevos. Enterado como él sólo, un poco pelota y algo huraño, pero no era mal chico. Su principal defecto era que se entretenía con el mismo murmullo del viento, y cualquier excusa para no trabajar era inmejorable. Eso sí, delante de los jefes, era el más aplicado y eficiente. Más de una vez intentó hacerle ver a Nonoe que algo que yo había conseguido había sido producto de su esfuerzo.  No le daba mayor importancia, porque sé que este tipo de trabajador siempre acaba cometiendo un error que lo delata… y el tiempo me daría la razón.

            Julia era una chica muy segura de sí misma. En el fondo odiaba este trabajo, ya que ella había estudiado Biología, y ser comercial era solo un estado transitorio… un trabajo con el que poder sobrevivir mientras aparecía su deseado proyecto de investigación sobre el cambio climático. Siempre admiraré su tenacidad, su capacidad para hacer de lo que odiaba una simple rutina más, y que nadie sospechara que estaba incómoda. Como ella misma solía decir “Es en estos trabajos que no te gustan donde más debes esforzarte, y cuando tu jefe es un auténtico payaso, es cuando más dócil y sumisa tienes que ser” Y ciertamente ella así lo hacía, aunque en el fondo, sabía que era muy infeliz, no sólo por no estar haciendo lo que realmente le apasionaba, sino por tener que tragárselo todo y no poder expresar abiertamente sus ideas ni demostrar lo que ella valía realmente.

            Finalmente estaba Sergio, que sin duda era el individuo más llamativo del grupo. Sergio se había criado en un barrio obrero, y aunque había hecho un master en ADE, esa vena barriobajera seguía latente en él, indiscutiblemente inseparable de su ser, que había sido domado por la educación superior y el sistema. Eso precisamente lo convertía en un ser atractivo… Esa capacidad que tenía para pasar de la reflexión más profunda y de la genialidad de sus ideas al más vulgar y grosero insulto. Si de algo pecaba Sergio era de soltar por su boca todo lo que pasaba por su mente, incluidas las grandes expresiones de su ego, que cada día salían en mayor medida para disgusto de los demás, como su inconformidad con la política opresiva de la empresa. No es necesario ser muy inteligente para saber quién fue, pues, la primera víctima de la Implacable Nonoe.

            Todos estábamos sentados en la mesa del “office” para comer juntos, como establecía la norma no escrita de la empresa. Durante esos primeros días era el único lugar donde realmente podías conocer a tus compañeros, aunque entre llamada y llamada (Entre batalla y batalla mejor) también podías ir moldeando la personalidad de cada uno. Los veteranos, que más bien parecían supervivientes de un holocausto caníbal, siempre estaban juntos… Un poco aislados del resto, y siempre te dirigían miradas complacientes cuando comentabas algo del trabajo. Alguno alguna vez hasta se atrevió a dedicarme alguna advertencia que otra sobre lo que decía en voz alta “Aquí se enteran hasta de lo que piensas” Me dijo tras mirar alrededor, comprobando que nadie le escuchaba. En general, los veteranos vivían un poco aislados, lo cual me extrañó al principio. Por eso los nuevos hicimos migas rápidamente. Supongo que compartiendo todo lo que nos convertía en “los nuevos”. Cuando estábamos en medio de una hilarante charla en la que Julia comentaba cómo había conseguido encasquetarle uno de nuestros inservibles seguros a una ancianita habiéndose hecho pasar por una jubilada felizmente asegurada, de repente se abrió la puerta de la sala y entraron Nonoe y Cipriano. Se hizo el silencio y respiré una tensión extraña entre los veteranos… que sutilmente se fueron redistribuyendo en la mesa para ocupar los huecos vacíos que quedaban en algunos lados, por lo que Nonoe y el otro se sentaron entre los nuevos.

Cipriano, por decirlo de alguna manera, no era más que un monito de feria… Una marioneta de Nonoe, mujer a la que admiraba y por la que habría hecho cualquier cosa. Curiosamente, Cipriano era el superior directo de Nonoe, y consecuentemente de todos nosotros, pero eso no lo supe hasta más tarde. Ante mis ojos, él era una herramienta más de la Implacable… Un tipo realmente banal, vacío en contenido, sin conversación y sin inteligencia. Cada vez que abría la boca era para decirnos “Chicos, hay que trabajar más” o para elogiar a Nonoe en todo lo que hacía. Su feminidad histriónica también lo hacía peculiar, al igual que su imagen… Bajo, gordo, calvo y cuarentón. En ese primer contacto pude comprobar que definitivamente su puesto le venía muy grande… y por eso se escudaba siempre en su fiel japonesa. Días después de aquel primer encuentro, casualmente me encontré a Cipriano en una convención del manga japonés a la que acudí. Curiosamente allí me reconoció y me empezó a hablar de su gran afición por la cultura japonesa. Era un auténtico otaku, un seguidor de todo lo que tiene que ver con el país del sol naciente. Incluso en sus groseras y simplonas bromas hacía referencias a lo japonés, como cuando una mañana llegó pálido y mareado, y tras preguntarle qué le ocurría contestó sin miramientos que su novio le había dejado “el culo como la bandera de Japón”.  Su mal gusto era tan evidente como su obsesión por lo oriental, y consecuentemente, por Nonoe.

En aquella primera comida todo parecía bastante cordial, pero los comentarios reincidentes sobre la mala situación en la que se encontraba la empresa retumbaban en nuestras cabezas como una amenaza. “Y Nonoe os estará vigilando constantemente, y si no os ve trabajar, o encuentra alguna incorrección, os hará como yo con este sashimi” dijo Cipriano con su tono de voz agudo mientras cogía con unos palillos un trozo de salmón crudo y se lo metía en la boca masticándolo como una hiena. Nonoe entonces esbozó en su firme rostro una mueca leve, casi imperceptible, pero no dijo nada. Realmente era una mujer de pocas palabras. Digamos que sólo hablaba lo justo y necesario, y casualmente las veces que no hacía no era para hacer un cumplido… Más bien al contrario. Hacían una extraña pareja ambos… Extraña y complementaria… Aunque estaba claro quién de los dos era el cerebro y cual el brazo ejecutor.

Lo comprobé el día que se produjo la primera muerte. Ocurrió casualmente durante una comida. Tras unas semanas en aquella empresa los nuevos habíamos comprendido por fin por qué los veteranos evitaban sentarse cerca de los jefes… Cuando llegan se siente un vacío en la mesa… Ellos monopolizan las conversaciones y sólo hablan de trabajo o de las conquistas sexuales de Cipriano, que sin reparos las relata con pelos y señales mientras comemos. Además está Nonoe… Le repugna toda la comida del catering… no hay nada que le guste y a todo le pone mala cara… haciendo que sea imposible que le pegues un mordisco a tu filete sin sentir que te está mirando con unas nauseas insoportables. Por suerte Cipriano siempre lleva en su tupper su ración de comida japonesa y una ración para Nonoe… de la que siempre pica algo con sus palillos… aunque malamente la he visto comer más de seis granos de arroz. En aquella comida Nonoe empezó a contar que habíamos perdido a muchos posibles clientes porque todos estábamos imitando el estilo de Sergio a la hora de vender. Aquello nos sentó un poco mal a todos, pues al menos yo jamás había imitado a nadie, aunque siempre estés abierto a que tus compañeros te enseñen cosas… Pero… ¿A Sergio? Seguro que la mayoría de mis compañeros pensaban que Sergio era la persona a la que menos había que imitar en su estilo de endiñarle un seguro a la gente. Sin embargo, esto, y como era lógico, enfureció a Sergio más que a nadie, y mientras los demás se callaron, él explotó con todo lo que llevaba guardado en su interior desde que empezamos. Que si el contrato era una basura, que si tratábamos a la gente como idiotas, Que si Nonoe era una jefa insoportable que además no hacía nada… Eso último fue acompañado del sonido de un trueno en la lejanía La cuestión es que dijo lo que ya muchos empezábamos a pensar, pero lo dijo llevado por la furia de sus entrañas de barrio obrero y sin el mayor miramiento. Creo que él creía que su forma de haberse quejado le había dado puntos a la vista de los jefes. Él es de esas personas que piensan que ser sincero es mejor que ser educado, y su sinceridad hizo que sin darse cuenta, Nonoe le lanzara sin inmutarse, y mientras se comía uno de sus seis granos de arroz, un shuriken en toda la frente, haciendo que su cuerpo inerte se desplomara completamente sobre la mesa.

La sangre que se había vertido en aquella mesa era una advertencia para los demás, que esa tarde no dejamos de vender seguros sin mirar a otro lado que no fuera a la pantalla del ordenador. Sergio salió del despacho de Cipriano refunfuñando e insultándolos a todos:

-Eres un gran imbécil Cipriano, uno de los grandes, y tú y tu china se pueden ir a la mierda -empezó a gritar en la oficina cuando le habían dado los papeles correspondientes de su despido. -Y todos ustedes también por comemierdas. – Añadió en su maldición mientras salía por el siempre impoluto hall de la empresa. La situación fue bastante violenta, pero lo fue más cuando miré a Nonoe y en su rostro, lejos de hallar a una persona avergonzada o incluso sorprendida, vi una gran satisfacción y una reafirmación de su poder.

Días después se supo, mediante el común cotilleo, que el difunto Sergio había confesado en más de una ocasión a algún compañero que Nonoe fue realmente la que lo había obligado a vender seguros de la manera que él lo hacía (Y que supuestamente gustaba a Nonoe). Fue a través de las correcciones que ella le iba haciendo como Sergio acabó con una forma agresiva de tratar al cliente y pocos escrúpulos a la hora de ser sinceros con las coberturas que incluía… Y además, había tenido pocos resultados en cuanto a las ventas. Por supuesto, al haber sido un fracaso la estrategia, lo había tenido que pagar él ¿Podría haber sido todo una estratagema de La Implacable para librarse de Sergio?


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-Y entonces me encontraba vestido con un safuku, atado a la cama y mi luchador de kendo me azotaba con un shinai mientras me lamía sobre…”

-Cipri, es suficiente- Dijo Nonoe repentinamente interrumpiendo la última y casi ininteligible fantasía sexual de Cipriano, una de las muchas que nuestro admirable jefe solía contarnos a la hora de comer.

Habían pasado unos meses desde que había ocurrido el “incidente” de Sergio y ya las repetitivas conversaciones sobre las maneras japonesas y sobre las aventuras sexuales de Cipriano nos resultaban pesadas e inadecuadas a todos. Eso cuando no se ponía a criticar a antiguos trabajadores. Le encantaba hablar de cómo había echado a tal o a cual trabajador, a los que exponía como trofeos de caza. De Sergio y su inminente eliminación estuvo alardeando mucho tiempo. Nadie soportaba esas conversaciones, pero ninguno decía nada, sino que lo escuchábamos y acabábamos riéndole las (insípidas) bromas sobre sexo, y agachando la cabeza cuando volvía a “tirar a dar” sobre nuestro trabajo y lo mal que lo hacíamos. Ese último aspecto se había convertido en una rutina. Creo que no recuerdo haber escuchado ninguna palabra de ánimo de parte de ellos, a pesar de lo desalentador que era el trabajo en sí… Y sin embargo parecía que el listón lo ponían cada vez más alto. Y así, las cuatro ventas obligatorias de cada día por comercial se convirtieron en seis, y al final nos requerían ocho. Eso hizo que todos nos tuviéramos quedar a menudo un par de horas más para poder llegar a cumplir esa nueva “reforma laboral” que se habían sacado de la manga, supuestamente para no contratar a nadie más para sustituir a Sergio. Evidentemente estaban abusando, pero nadie decía nada. Nadie quería ser la siguiente víctima de Nonoe… Pero la hubo. Claro que la hubo.

-¿Y tú Aldo? ¿Cómo te gustaría que te lo hicieran? ¿Te gustaría con un japonés también? ¿O ya lo has hecho con uno? –La pregunta de Cipriano retumbó en las cabezas de todos los que estábamos sentados a la mesa, seguido de un silencio implacable. Aldo, nervioso, se levantó y salió del office lo más rápido que pudo, avergonzado… Tal vez pensando que así podría aparentar no haber escuchado las preguntas… Pero el silencio era demasiado evidente.

            Durante los tres primeros meses en la empresa, Aldo había sido para sus jefes el empleado perfecto. Nunca protestaba por nada, era dócil y atento. Cada mañana saludaba con efusividad a los jefes, y Nonoe lo tenía en gracia. En cuanto a su trabajo… Aldo cumplía. No tenía grandes ventas, pero llegaba a los límites (Más tarde sabríamos que Aldo le vendía seguros a toda su familia, que semanas después cancelaba) pero ante los jefes siempre fue impecable, y se cuidaba de no hablar más de la cuenta con los demás. Cada lunes invitaba a café y rosquillas a los jefes, con los que pasaba un buen rato comentando el fin de semana. Con el tiempo incluso llegó a entrar en el restringido círculo de amistades de Cipriano. Se llegó a rumorear incluso que ambos compartían algo más que salidas de fin de semana y sesiones de cine japonés de terror en casa… Pero eran sólo rumores… Rumores que se vieron acentuados cuando poco después de empezar a tener una relación más que profesional con los jefes, Cipriano lo nombró, con pompa y globos de colores, coordinador del equipo.

Ese ascenso repentino de categoría de Aldo fue inesperado. Para empezar… No tenía ninguna utilidad ni función… De hecho antes de ese momento no existía esa función. Seguía haciendo lo mismo de siempre pero con la nueva medalla en la solapa de su camisa. En segundo lugar, Aldo había demostrado no tener capacidad real como comercial, y había gente mucho mejor preparada para ascender, como algunos de los veteranos o como Julia, que trabajaba sin parar. Creo que ella fue la que más se sorprendió con todo esto, pues trabajaba duro con la idea de ascender.

Lo cierto es que desde entonces Aldo trabajaba aún menos y su relación con los compañeros empezó a enfriarse. Pasaba las horas en el despacho de Cipriano, encerrados ambos o con Nonoe. Algunos llegamos a pensar que la verdadera función de Aldo era la de informar sobre los movimientos de los comerciales. De hecho, se intuye que Aldo estuvo implicado de alguna manera en el despido de Sergio. En cualquier caso, el colegueo entre él y Cipriano era cada vez más evidente.

Sin embargo, estos últimos días anteriores a lo que pasó en el office habían sido diferentes. Creo que todo empezó a raíz del viaje. La empresa hacía una convención internacional en Singapur, y Cipriano decidió llevar a Aldo como acompañante en lugar de a Nonoe, como al parecer solía ser lo normal en esas ocasiones especiales. Durante los días previos a ese viaje Nonoe fue más tirana que nunca con nosotros, llegando incluso a aumentar el número de ventas obligatorias por comercial, y obligándonos a hacer muchas horas extra sin sentido. Su carácter estaba más irascible que nunca. También cambió mucho la relación de Nonoe con el propio Aldo, que pasó de ser su mano derecha a que apenas le dirigiese la palabra… Al menos ella no le hablaba a él, porque éste se desvivía por complacerla. Y el café de los lunes se convirtió en el café de cada día… Pero Nonoe es la “Implacable Nonoe” por algo, y nunca volvió a dar su brazo a torcer. ¿Se había acercado mucho a su territorio? ¿Había osado plantarle cara a ella, la gran poderosa yakuza de las aseguradoras?

Cuando acabamos la comida volvimos a la oficina, y Aldo se encontraba en su ordenador trabajando, avergonzado aún por el inoportuno comentario de Cipriano, que lo había humillado delante de todos. A partir de ese momento Nonoe lo controlaba mucho más que antes. No le quitaba el ojo de encima durante cada uno de sus movimientos, en sus idas y venidas del despacho de Cipriano, que eran mucho más escasas que antes.  Es como si algo hubiese pasado en ese viaje y Aldo hubiese decidido desconectar de todo aquello. Pronto volvió a relacionarse más con el resto de compañeros, volvió a hacer ventas y sus visitas al despacho desaparecieron. Y progresivamente su muerte se iba acercando…

Lenta, progresiva… desalentadora… Como la muerte de un veneno que se va extendiendo por todos tus órganos y los va apagando hasta que quedan completamente dormidos. El haberse distanciado de Cipriano y Nonoe hizo que lo vieran como un enemigo peligroso… Como alguien que tenía demasiada información y no podía continuar con vida.  Pronto y ¡OH que sorprendente! Nonoe descubrió la incapacidad de Aldo para el puesto que ocupaba y lo atravesó con su espada cuando menos se lo esperaba… Herido y desolado, abandonado por ellos mismos… y por sus compañeros… Aldo cayó de rodillas en el suelo y murió.  También murió con él esa horrible tradición de ir a comer juntos cada día, algo que ya detestaba hace tiempo.

-Hemos despedido a Aldo porque no trabajaba –Nos justificó el mismo que poco tiempo antes lo había ascendido por sus “grandes cualidades” – Y esta empresa no puede permitirse a gente que no trabaja.- En realidad lo echaron porque de repente Aldo decidió dejar de seguirles el juego… Pero eso es algo que ellos, aunque lo sabían, jamás iban a aceptar. Por supuesto, Nonoe dejó de ser tan severa con nosotros los días posteriores, y siguió con su habitual modus operandi como si nada hubiese pasado.



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“Quiero diez ventas diarias sí o sí”  fue la frase que más oí los siguientes meses en la oficina. Nonoe había vuelto a subir el listón una vez más… Y nosotros, con el mismo sueldo y menos ánimos, tuvimos que cubrir las dos bajas de nuestros compañeros sin rechistar. Había un gran descontento y frustración entre nosotros, que cada vez hablábamos más de lo mal que iba el país, la empresa, y llegábamos a la conclusión entre risas de que sería conveniente que Nonoe tuviese relaciones sexuales más frecuentes si eso podía cambiarle el humor. Hasta nuestra querida compañera Flor dejó de ser tan risueña como siempre. Estábamos francamente hartos, por el tiempo que había pasado, y por las injusticias que teníamos que tragarnos.

¿Qué cuantas veces pensé en dejarlo? ¡Miles! Pero aquello no era una posibilidad. Tal como esta el mercado laboral… Y hay que pagar facturas, y hay que vivir, y pagar gasolina para venir a trabajar… ¿No es patético? Tenía muchas conversaciones así con Flor. Era un tema monopolizador, pero era lo que estábamos viviendo. Pero si para mí era complicado… más lo era para ella.

Desde el primer día, Nonoe nos dejó bien claro a todos que no soportaba a Flor. Eran personalidades muy diferentes, y la simpatía natural de Flor irritaba a la antipatía de la japonesa. Cada vez que Flor hacía algún comentario gracioso Nonoe ponía una mirada de asco que todos podíamos percibir. Además, la miraba de arriba a abajo, desaprobando su físico redondeado. Era evidente que no había ningún tipo de afinidad personal, pero eso Nonoe lo llevaba al terreno profesional. Flor era sin duda la que más presión tenía del grupo… cuando iba a comentarle algo a Nonoe esta no le hacía caso o la hacía callar de mala manera, le daba mil desplantes, la infravaloraba siempre diciéndole que no sabía vender… Incluso su mal sake lo demostraba a diario cancelándole ventas que eran completamente correctas (y similares a las que los demás hacíamos) argumentando cosas absurdas para justificarlo.

Lo peor de todo era que Flor no sabía llevarlo bien. Su baja autoestima personal hacía que creyera a pie juntillas todo lo que La Implacable le decía… Esforzándose aún mucho más por complacerla… Pero todos sus intentos fueron en vano. A pesar de que hacía más horas que nadie, a pesar de que jamás fue a quejarse a Cipriano de lo ocurría (y que todos veíamos), a pesar de que las escapadas al servicio a llorar eran cada vez más frecuentes, y a pesar de que todos la alentábamos para que hiciera algo… Flor fue la siguiente víctima de Nonoe y tuvo una de las muertes más dolorosas que recuerdo.

Agotada por hacer horas extra para cumplir sus objetivos, una mañana nuestra Flor estaba más marchita que nunca. Nonoe la consideraba tonta o algo por el estilo, y al ver su debilidad aquel día la acosó a preguntas sobre una de las ventas que había tenido hacía unas semanas. Flor, que no podía más con su alma después de una larga noche en la oficina intentando realizar sus diez ventas, y harta de ser humillada a diario, se vio indefensa ante la batería de preguntas de Nonoe, que la acabó acusando de irresponsable con su trabajo, de inútil y de ignorante (Cuando todos sabíamos que Flor no era en absoluto así) Aquel enfrentamiento acabó con una visita de Nonoe al despacho de Cipriano, que por supuesto y como siempre pasaba, ignoraba todo lo que pasaba en la oficina, pues su mente estaba en otra cultura o entre las piernas de algún hombre peludo, y todos pudimos ver como la japonesa había perdido la serenidad letal de la que siempre había presumido para gritar y pelearse con Cipriano, que sinceramente, apreciaba a Flor como todos los demás. Desde fuera pudimos ver como el lenguaje corporal de ambos estaba exaltado, vibrante, como una representación de kabuki, en la que ambos discutían. Ya desde el incidente de Aldo la relación entre ellos parecía algo más distante de lo habitual, pero aquella discusión pública era una evidencia de que algo oscuro estaba ocurriendo en el paraíso. Las últimas palabras de Nonoe fueron “O ella o yo” y se marchó del despacho cerrando la puerta violentamente. Cipriano se dio cuenta de que lo habíamos presenciado todo, y salió para decir que siguiéramos trabajando y cerró la cortinilla del despacho acristalado.

A última hora, antes de marcharnos, Cipriano volvió a reunirse con Nonoe en su despacho y llamó a Flor. Tras más de una hora encerrados, la puerta del despacho se abrió y apareció el fantasma de Flor para despedirse de nosotros. Lloraba, pero estaba serena, y tenía la marca de un golpe de nunchaku en medio de la frente. Su muerte había sido injusta, dolorosa y cruel… Pero tal vez había sido lo mejor para Flor. Con un abrazo intenté decirle que lo sentía, pero en vez de eso la felicité, y le deseé buena suerte. Y poco a poco su presencia se fue desvaneciendo, dejándonos a los demás con su recuerdo y con una gran verdad ante nuestros rostros.


Nonoe salió orgullosa del despacho para ver como flor recogía sus cosas, y con esa sonrisa complaciente en sus labios… Sí, al final era verdad que la había visto sonreír… Cada vez que eliminaba a alguien sonreía. Cada vez que movía las pulidas fichas de su macabro juego sonreía. Y yo cada vez tenía más claro que la que realmente no tenía autoestima era ella y no Flor. Que le tenía envidia porque Flor era simplemente mejor en todos los aspectos. Si no… ¿Por qué hacer todo esto? ¿Por qué hay personas que sólo son felices destruyendo a los demás?


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            Nada fue lo mismo sin Flor en aquella oficina, y se notaba. Los jefes habían quedado mal delante de todos nosotros, así que sintieron la necesidad de justificar el despido de flor para intentar eliminar la tontería que habían hecho de sus expedientes.

            -No hemos despedido a Flor, le hemos dado unas largas vacaciones para que se recupere porque no era feliz. Venir a trabajar no es sólo vender seguros, es venir con una sonrisa a nuestro puesto de trabajo, y hacía mucho tiempo que Flor no sonreía- fue el estúpido discurso que nos quisieron vender.

Y era verdad que flor hacía mucho que no sonreía, pero ¿Nunca se llegaron a preguntar qué le pudo haber pasado a una chica risueña para acabar en ese tono de gris? Yo lo sabía… Todos lo sabíamos… Era porque Nonoe le había estado haciendo el más brutal mobbing desde el día que pisó la empresa, y ella había tenido la madurez de aguantarlo y de ser una profesional. Todos sabíamos que aquel despido había sido injusto, y Cipriano era el primero que lo sabía, pero en este tipo de personas, los remordimientos son… inexistentes.

            Sin embargo, yo sí que los tenía, por no haber ayudado a Flor lo suficiente… Por haber presenciado como Nonoe la ponía cada día entre la espada y la pared y no haber sido capaz de enfrentarme a ella. Sabía que Flor y yo no podríamos hacer nada solos, pero los demás no querían verse involucrados.

-Nadie va a sacrificar su puesto de trabajo por ti, ni tú por ellos- decía Julia constantemente.
-Pero… Si no lo intentamos… estamos permitiendo que sigan abusando de nosotros.
-Alfonso, la época de los sindicatos ha pasado. Ahora sólo somos hormiguitas que ellos crían para hacer dinero. Si no les interesas, te aplastan… Y no les será difícil ni costoso hacerlo, porque el contrato que te hicieron y que tú firmaste se lo permite.
-Julia, pero no podemos permitir que nos traten así… ¡Y menos ellos!
-Yo odio este trabajo tanto como tú, pero tengo que sobrevivir, y sé que si nos vamos a quejar por algo seremos los próximos. Las empresas hoy en día no quieren a gente eficiente… como tú hay miles, y están deseando conseguir tu puesto de trabajo… aunque sea una basura.
-Yo creo que si todos nos unimos… algo podremos hacer…
-Sí, haremos que nos echen a todos y contraten a otros a los que sí puedan controlar… Sé realista Alfonso… Has vendido tus principios a esta empresa por mil euros. Acéptalo y vive con ello, o vete a buscar otra cosa que te haga más feliz, pero te digo yo que todo lo que hay disponible es más o menos igual.

Las palabras de Julia eran muy duras, pero ciertas, aunque siempre he creído que hay que intentar las cosas. Ella misma era un ejemplo de mujer soñadora… Mi remordimiento hizo que hablara con los demás compañeros… quería que juntos fuéramos a Cipriano a quejarnos del trato que Nonoe tenía hacia nosotros… Si había la más mínima esperanza de cambiar algo, tendríamos que intentarlo. Total… Estábamos ya en esa etapa en la que había cero motivación hacia lo que hacíamos… Si no lo hacíamos ahora íbamos a acabar como los veteranos, que parecen zombis. Creo que el respeto, el valorar tu trabajo y el no acosarte son aspectos imprescindibles que hay que mantener en cualquier trabajo. Nadie me apoyó.

Julia siempre se había quejado de todo lo que pasaba, y la consideraba una compañera eficaz… Pero vi que en realidad, esa eficacia la había convertido en una víctima más del sistema. Su inteligencia se volvía egoísmo, y su estoicismo se volvía autocomplacencia y cobardía. Ella decía que quería solucionar el problema del cambio climático… Y sin embargo ni siquiera tenía fe en si misma en una situación tan cotidiana como esta. O sería que yo ya estaba simplemente harto… Decepcionado.

Pronto Nonoe percató que algo nos pasaba… esas conversaciones a escondidas… supongo que nuestras caras tristes y desalmadas por pasar la mayor parte de nuestro tiempo siendo seres infelices, en un entorno donde era más importante saber sobrevivir que trabajar… La situación por entonces se había complicado demasiado… El ambiente estaba contaminado y veía a Nonoe y no sentía el mínimo respeto… ni la mínima admiración, porque sabía que todo lo que ella era no era más que una cortina de humo. Sus logros los consiguió mediante no dejar de verter la sangre de los que se ponían en su camino… y Cipriano… Él era un descerebrado que lo habían puesto en ese puesto por no sé qué motivo… Ignorante de todo a pesar de creerse el más inteligente… Sentía asco por todo aquello y por tener que pasar diez horas de mi día allí.


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Y entonces llegó el día en el que me llamaron al despacho… el día en el que experimenté lo que era eso que tantas veces había observado desde fuera.  El día en el que supe que yo era el siguiente. Primero llamaron a Julia, que salió rápido y volvió a su trabajo como si nada, después de haberme lanzado una mirada de desaprobación que decía claramente “no me involucres en tu aventura”. Cuando fue mi turno, me invitaron a sentarme en una silla, fría como Nonoe.

-Alfonso, estamos preocupados porque tu rendimiento ha bajado y te vemos raro. ¿Qué te pasa?- Preguntó Cipriano ante la atenta pero siempre distante mirada de Nonoe, que sin duda era la verdadera artífice de todo aquello.
-Nada- Contesté. Estoy cansado… Puede que eso afecte a mi trabajo- Mentí descaradamente por no abrir la caja de Pandora. Ya había comprendido lo que pasaba, y en la mirada de Nonoe vi claramente que yo iba a ser su próxima víctima, ya fuese por mi amistad con Flor o porque me habrían visto la cara de sindicalista renegado, o porque alguien se había chivado de que hacía un tiempo pretendía movilizar a mis compañeros.
-¿No tienes nada que decirnos?- Insistió.
-No… dije sin intentar siquiera razonar. Si hubiese pasado meses antes lo hubiese intentando cambiar con el diálogo… Pero en ese punto ya había cavado mi propia tumba allí… Mis objetivos profesionales además estaban muy lejos de Majoy Comunicaciones… Y en definitiva… Ya me daba todo absolutamente igual.


            Salí del despacho y enseguida supe que todo había acabado. Pero mi remordimiento seguía vivo… ¿Cómo he podido acabar con las ideas pesimistas de Julia? ¡Yo no soy así! Si iba a ser la próxima víctima de la Implacable Nonoe, al menos, podría morir con dignidad, aportando algo productivo… Y entonces recordé a los kamikazes.

            Los kamikazes eran los ataques suicidas que realizaban pilotos japoneses de la Armada Imperial Japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Estos soldados llenaban sus aviones de explosivos y los estrellaban contra los barcos de los Aliados que se acercaban a Japón, con el objetivo de hundirlos y evitar que desembarcasen. Si quería hacer algo ahora, tendría que convertirme en un kamikaze. No quería venganza… quería progreso… que las cosas cambiaran. La venganza no me servía para nada.


            Así que poco a poco fui preparando una campaña de autodestrucción encubierta. Evidentemente hubiese sido muy kamikaze haber dejado de trabajar completamente y que me echaran justificadamente… Les hubiera dado la razón. Así que cuando sentí que estaba en el punto de mira trabajé el triple de lo que había hecho siempre. Conseguí más de las ventas que tenía que hacer dedicando muchas horas e incluso trabajando en casa. Ayudé a mis compañeros a solucionar algunas ventas erróneas que habían surgido, y todo ello delante de Nonoe, para que se diera cuenta de que estaba aportando mucho a la empresa. Fue una etapa de esfuerzo, de mantenerme sereno, de estar alerta de todo… Y mientras tanto, me aseguré de hacer una campaña de desprestigio propio que pasara desapercibida para todos excepto para Nonoe y Cipriano. Lancé mensajes subliminales que sólo ellos entenderían, tocándoles en su punto más sensible: su ego. Y nadie más se habría dado cuenta de lo que pasaba.


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            Y el momento en el que Nonoe me clavó la katana que yo mismo le había puesto en sus propias manos llegó. Cipriano me llamó al despacho. Ya sabía para qué era.
            -Hemos decidido que no contaremos contigo más en la empresa- Dijo fríamente. Nonoe, mientras, permanecía fuera, intentando ocuparse de no trabajar y pedirnos que trabajáramos, como hacía siempre, y así no presenciar mi muerte por encargo.
            -Ah bueno, ¿Me puedes decir por qué? Un despido sin dar 15 días de aviso tiene que estar justificado.- Tras esta pregunta dejé a Cipriano como lo que era: un ignorante. No supo darme una explicación “Tú y yo sabemos por qué” repetía, y yo le insistía que me diera una causa justificada. No la tenían. Me habían clavado la katana porque no me había posicionado a su favor. Volvían a tener a un enemigo, y de los peligrosos. Me echaron porque había seguido mi instinto de no querer rodearme de gente que se mueve por intereses personales, de gente que no aprecia la profesionalidad sino que promueven el amiguismo y la manga, el hoy por ti, mañana por mí. Me habían echado por tener principios… por no apoyar los despidos injustos de mis compañeros, por tener voz  e ideas y expresarlas y por no seguir su juego infantil.

Cuando Alfonso salió de aquel despacho, con las manos y el abdomen ensangrentado, nadie se creía lo que había pasado. Nadie entendía por qué a mí. Ni siquiera los administradores que me hicieron los papeles daban crédito. Julia, como siempre enfrascada en su trabajo, ni se dio cuenta de lo que había pasado, y cuando se enteró me miró con una sonrisa pícara como diciéndome que al final me había salido con la mía.

 -No sé qué le habrás hecho a Cipriano. Lo siento- me dijo extrañado el director financiero de la empresa cuando fui a recoger los papeles esa misma tarde.

-La cuestión es qué se ha hecho Cipriano a sí mismo- le contesté sin reparos.


Y mi suicidio no fue heroico, ni liberó al mundo de la tiranía de las empresas y de los jefes con problemas mentales y afectivos que le hacen la vida imposible a los demás… No fue así, pero sé que mi ataque final puso un granito de arena para dejar en evidencia lo terriblemente dañinos que son algunos, y revelar de qué palo están hechos. Ellos mismos ya se habían desenmascarado con sus actos, con sus decisiones estúpidas y con sus comentarios. Yo sólo di un motivo más de por qué esas personas no debían estar donde estaban.

Poco después supe que hubo reestructuración en Majoy. Se descubrió que Cipriano hacía ciertos trapiches con las horas de vacaciones, regalándole ciertos favores a los trabajadores que eran afines a él o algo así. Algo que enfureció a los accionistas y que le costó el puesto. En fin, nada sorprendente viniendo de una mente prodigiosa como la suya…

Supe que Flor, Sergio y Aldo están contentos en sus nuevos trabajos… los veteranos seguramente sigan zombificados… Julia siguió trabajando duro pero veía como, uno tras otro, una serie de incompetentes eran ascendidos a mejores posiciones antes que ella. Y sobre Nonoe… No supe nunca nada más de ella. Supongo que tuvo la inteligencia de esconder todas sus acciones tras el tontorrón de Cipriano… O tal vez volvió a Japón arrepentida de haber jodido a tanta gente, y envuelta en un halo de pétalos de sakura… Jajaja No creo… Sólo espero no volver a encontrármela jamás en la vida.

Y yo… Bueno… dejar Majoy fue una de las mejores decisiones que he tomado en la vida. Llegó un punto en el que Alfonso no era más que un personaje dominado por lo que le rodeaba en el trabajo y un ser amargado. Me había convertido en algo muy parecido a la Implacable Nonoe. Un leve reflejo suyo. Ahora ese Alfonso descansa en paz con la cobardía que siempre tuvo, con ese miedo a luchar por intentar ser feliz en el trabajo… ¡Y en la vida!