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martes, 30 de octubre de 2012

Inglés de marca blanca







Inglés de marca blanca

AIRAN CASAS

Hace unos días llegó hasta mis manos un folleto de esos que te suelen poner en el parabrisas del coche; el típico de los “Compro Oro” que ahora inundan la geografía comercial de las grandes ciudades y de los pequeños pueblos. Sin embargo, en esta ocasión no se trataba de una treta publicitaria para convencerme de que el precio del oro está en su mejor momento y de que debería de una vez por todas sacarle provecho a las joyas de la abuela a cambio de unos (míseros) euros. Para mi sorpresa, era un anuncio de una nueva academia de idiomas que ofrecía clases de Inglés a tres euros la hora, y con profesor nativo.

Esos dos conceptos fueron los que, siguiendo la regla publicitaria de, a mayor visibilidad mayor impacto, se destacaban en el panfleto con una tipografía espectacularmente grande, e incluso insertada en esa llamativa autoforma ovalada con contorno de picos donde se suelen poner las cosas importantes en las artes gráficas más clásicas.

¡Vaya! -Me dije- Contra unas ofertas así es imposible competir. En la breve época en la que me aventuré a dar clases particulares, cobrar cinco euros la hora por sesiones personalizadas e individualizadas, proporcionando múltiple material que yo mismo elaboraba e imprimía, ya le parecía caro a algunos padres, cuya desesperación antes unos niños un poco despistados en clase, les obligaba a contratar mis servicios. Hoy en día esos padres que refunfuñaban por mi tarifa, estarían encantados con esas clases de Inglés low cost del folleto.

La maldición de la crisis y el alto índice de paro han propiciado cosas como esta, que por lo menos yo no había visto nunca. Eso de competir con descuentos y promociones agresivas parece que ha pasado del sector de la venta de productos de consumo y servicios a algo tan sagrado, y lamentablemente demasiado erosionado, como es la educación.

No hace falta que me aventure a recordar que estamos en uno de los momentos de la historia en los que la educación se ha tratado de una manera más miserable por parte de los políticos, con los recortes como actor principal de este melodrama de aulas llenas,  escasez de profesores, cancelación de oposiciones, o la subida de los precios de los materiales y libros entre otras acciones insultantes al sentido común y a los derechos fundamentales.

Aún en una situación como la que vivimos, estudiar inglés sigue siendo una prioridad para todos, teniendo en cuenta que es la lengua global y la lengua económica por excelencia (Aunque tengamos presente la falsa amenaza del chino, aún el inglés es la lingua franca por excelencia en todo tipo de acciones comunicativas entre hablantes de diferentes lenguas, y por su sencillez de aprendizaje y por habituación a ella, el chino no la desbancará en este importante papel)

En un momento donde la importancia significativa del inglés está en alza, con programas de educación bilingües en centros públicos y privados, y la imperiosa necesidad de manejarlo en el entorno laboral de la Unión Europea, no es de extrañar que las academias, clases privadas y hasta lo métodos de inglés con nombre propio que nos quieren vender por fascículos, se enfrenten en una reñida batalla por imponerse en un mercado donde la demanda crece y donde el sistema público ha fallado en proporcionar este servicio. Al menos no ha sido capaz de que una mayoría de los estudiantes salgan del instituto con la capacidad de comunicarse fluidamente en esta lengua… ni siquiera en zonas donde su importancia se incrementa por su relación con el turismo.

En parte, esa carencia de una educación sólida en idiomas se debe a algo que los profesionales del sector llevamos sufriendo desde hace años: Los profesores de inglés estamos infravalorados. Hoy en día parece que es normal tener como un chiste que los filólogos hemos estudiado una carrera que no sirve para nada. Y no se trata  sólo de una impresión que me llega del entorno y de los medios, ávidos de buscar profesiones “útiles” para el deprimente presente de la crisis.  También es una realidad que se palpa en el propio mundo laboral. A pesar de que la Filología es una rama de las humanidades que se centra en el estudio en profundidad de la lengua y de la producción literaria y lingüística de una cultura o conjunto de culturas, parece que nuestros estudios no son suficientes para posicionarnos como los que debemos transmitir esos conocimientos.

No hablo del hecho de que para dar clases de inglés en un instituto no sea requisito necesario ser filólogo, porque aunque parezca mentira, actualmente no lo es, pero también se desdeña esta titulación para otros trabajos donde el inglés es necesario. Por desgracia, la Filología ha acabado una gran desconocida. Hace un tiempo solicité un trabajo en una empresa de hostelería, para un puesto donde se requería el manejo del inglés. En la entrevista, me preguntaron si sabía inglés, y les dije que era licenciado en Filología Inglesa, ante lo cual me preguntaron para mi asombro: “¿Pero tiene otro título aparte de ese, como Escuela de Idiomas o el First Certificate?” Me quedé de piedra por la ignorancia de la pregunta, y también, por educación, me quedé con las ganas de decirle que mi titulación no solo demuestra mi competencia lingüística en el idioma, sino que además me avala para poder impartir clases de, casualmente, los cursos que llevan a obtener esos títulos que ella tanto ansiaba escuchar que tenía. Y todo esto para un trabajo de atender a huéspedes de un hotel, donde el uso de la lengua estaría bastante limitado a un entorno y una rutina laboral.  

En el folleto del que estamos hablando, resaltaban en esas casillas llamativas típicas de las ofertas de un comercio, que el profesor que impartía estos cursos era nativo. Ese es otro asunto curioso de esta falta de información que hay sobre el sector. Parece que hoy en día goza de un gran prestigioso aprender inglés con John o con Peter pero no con María ni con Silvia. Parece que la sociedad se cree que va a aprender más con un profesor nativo que con un filólogo español, y eso incluso se ha trasladado a las ofertas de empleo que se publican en los medios, en las que se busca profesor “nativo” antes que profesor “cualificado”. Realmente, decir que buscas un nativo es como decir que buscas a una persona que sepa hablar, lo cual no dice mucho de lo que estamos buscando realmente.
        
A pesar de que soy partidario de que los estudiantes de inglés tengan amplio contacto con personas angloparlantes durante su actividad académica y puedan comunicarse con ellas, esta rimbombancia de las clases del profesor nativo y la prioridad que esta figura parece que tiene, no deja de parecerme una simple pedantería. Y voy a explicar por qué, y quiero dejar claro de antemano que no incluyo a todos los angloparlantes que se dedican a dar clases en el mismo saco, porque los hay que han estudiado lo mismo que yo y que ejercen su profesión estupendamente, y posiblemente mejor que muchos españoles. Lo que quiero decir es que, buscar un nativo para que imparta clases de inglés debe significar buscar a un PROFESOR nativo; con conocimientos de gramática, de fonética y fonología, de semántica, que tenga además conocimientos de lingüística de texto, y que, lo más importante, tenga la capacidad de enseñar. 

            En algunos lugares he conocido (incluso he sido alumno de alguno que otro) profesores nativos que no sabían nada de lengua. Sus clases eran incompletas. No sabían explicar los porqués de la lengua, básicamente, porque nunca la habían estudiado más allá de en su educación primaria o secundaria. Además, de poco me sirvió escucharlos hablar con un inglés fingido y sobrearticulado, que nada tenía que ver con las variedades de inglés que te encuentras en la vida real: con acentos, dialectos, y formas de hablar y pronunciar. Al igual que pasa con las personas que hablan nuestra lengua, no todos la hablamos de la misma manera, y pocos la hablan de la forma óptima para poder enseñarla. Para verlo de otra manera, piénselo así: ¿Sería usted capaz de enseñar español a un extranjero? ¿Qué recuerda del análisis morfosintáctico del instituto? ¿Sabría explicarle a un alemán los signos del lenguaje usado en fonética? Lo mismo le ocurre a muchos de esos “nativos” que se solicitan en academias y consultorías. No debe enseñar quien puede (por tener una nacionalidad determinada o pertenecer a una comunidad lingüística) sino quien ES CAPAZ de hacerlo.

Y aunque en la profesión abundan “infiltrados” de este tipo, que encima cuentan con más prestigio en la enseñanza que los que nos hemos dedicado a estudiar la lengua, y además estamos especializados en su docencia mediante esfuerzo, estudio y práctica (Y a los que cada vez nos ponen más ridículas barreras para poder trabajar) parece que mucha gente está dispuesta a embarcarse en el consumo del “Inglés Hacendado” de tres euros la hora con el prestigio añadido del profesor nativo.

Mi consejo es que, cuando vaya a pagar por estos servicios que conforman su futuro o el de sus hijos, sea tan meticuloso como lo es cuando va a comprar alimentos al supermercado. Ya lo decía aquel eslogan: “Busque y compare”. Sí, pero además lea la letra pequeña, no se deje engañar por lo llamativo de la publicidad, y ante todo haga algo que parece que los responsables y empresarios de la educación no están haciendo: exija una titulación. No hay nada como eso para ofrecerle la garantía de que está ante un profesional de la enseñanza y no ante alguien que aprovecha la situación actual para darle gato por liebre… O en este caso, venderle inglés de marca blanca.


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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Educación devuelta








Educación devuelta
Airan Casas

Hace poco leía en un periódico que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, había enviado una carta, llena de faltas de ortografía –Como ponía en el titular- a los docentes madrileños. En esa misiva se le recuerda a los profesores que ahora tendrán que trabajar dos horas más a la semana; medida que evitaría otros recortes económicos a la educación pública.

Dejando de lado la anécdota de las faltas de ortografía, que en el fondo me parece una exageración puesto que ni eran tantas ni tan graves… Y que posiblemente se solucionará haciendo rodar la cabeza del becario de turno que se la escribió a Aguirre (Aunque con poca humildad ahora dicen desde las altas esferas que esa carta fue manipulada por los profesores y que en realidad no tenía faltas) lo que realmente me preocupa de todo este asunto es esa advertencia quasi-amenazante a los recortes en la educación, que encima se pretenden justificar y paliar aumentando una carga lectiva al ya castigado profesorado.

Me preocupa porque, ya antes de la mentadísima (y cansina) crisis, la educación era francamente mala. A pesar de que muchos políticos posaban junto a la tanda de ordenadores portátiles que habían introducido en los centros escolares o clamaban una educación bilingüe (Que acabó en un caos improductivo en la mayoría de los casos) la educación pública de este país siempre ha estado a la cola de Europa. Para colmo, si no teníamos suficiente con ese maravilloso galardón, ahora se esperan estos temidos recortes que pronostica Aguirre, y que se aplicarán posiblemente en todas las comunidades autónomas. ¿Y quién va a ser el que pague todo esto? Me pregunto sabiendo la respuesta… Tal vez sea conveniente que ponga algunas ilustraciones de situaciones muy comunes en este mundillo educativo para que veamos que siempre pagamos los mismos.

         Hablando de pagar: septiembre llegó pero agosto deja la estela para las editoriales de libros escolares. ¿Por qué? Porque parece ser que aún los políticos no entienden que los libros de texto tienen que ser gratuitos. No es normal que, según relataban en los informativos de Antena 3 algunos libreros, sólo en libros de texto, se gaste una media 150 euros por alumno, si éste está en primaria, y cerca de 300 euros si está en secundaria. Y ojo… esto sin contar con los materiales, que aumentan significativamente la cuantía. Trescientos euros de golpe y porrazo, y eso, evidentemente, si las familias son afortunadas de tener solo a un hijo, que si no, podemos ponernos a multiplicar.

Cierto es que por iniciativa de muchos ayuntamientos y centros escolares, se ayuda a sufragar este gasto a las familias más necesitadas, pero no podemos dejar esto en manos de la suerte y la solidaridad que pueda haber en una comunidad concreta… Los libros de texto se tienen que prestar en los centros. En el Reino Unido lo hacen, y que yo sepa, las editoriales inglesas no se han arruinado. Los libros pasan por varias generaciones hasta que acaba su vida útil, y los padres pueden respirar más tranquilos cuando llega septiembre. ¿Por qué si tanto miramos hacia Europa para otras cosas no lo hacemos para estas iniciativas que deberían ser universales? Todo cambiaría si la prioridad de los que nos gobiernan fueran los estudiantes y no el beneficio de las empresas editoriales. Otra solución es rebajarles el abusivo precio que les imponen ¿O no es la educación un servicio de primera necesidad?

         Otro aspecto preocupante y que sigue sin tener remedio es el de los recortes de personal. En la Comunidad Canaria ya se suprimieron las oposiciones de primaria durante el curso pasado, dejando a muchos jóvenes sin poder aspirar al trabajo para el que estudiaron. Para colmo, los que consiguen la ansiada plaza se ven con aulas repletas de alumnos, sin profesores de apoyo y refuerzo en el aula como los que hay en otros países, sin auxiliares de idiomas… Y encima, teniendo que atender a la diversidad educativa de los alumnos, que en esas condiciones es un trabajo casi imposible. ¿Y aún así se les carga con más horas y se les pone encima el peso de la responsabilidad de mejorar la educación en época de crisis? ¿Es este el entorno educativo al que aspiramos? Siempre lo he pensado y ahora me reafirmo: Cuidar al profesorado es la acción primera si queremos una buena educación. Sin el pilar que ellos suponen, todo se derrumba… Se tomen las medidas que se tomen desde el ámbito político.

         Si esto no fuera poco, los recortes económicos implican recortes en la diversidad educativa: Se contrata a menos profesores y por lo tanto se ofertan menos asignaturas optativas, se recortan las actividades extraescolares… ¿No se dan cuenta de que en tiempos de crisis es cuando más hay que invertir en educación?

         Y después pasan cosas que nadie se explica, como lo que se publica recientemente en diferentes medios de comunicación (Y avalan los propios presupuestos de la Comunidad de Madrid que pueden ser consultados por cualquiera) sobre un mayor gasto realizado en la asignatura de Religión que en la educación bilingüe de los centros públicos. Un ejemplo, nuevamente, de una curiosa gestión de la educación en esta región que recientemente ha sido duramente criticada por la comunidad docente, que además ha convocado una huelga para el próximo 14 de septiembre. La presidenta de la comunidad ha calificado la huelga de “absurda” y echa balones fuera culpando al Gobierno Central. ¿Es que nadie va a admitir con humildad los errores y tratar de trabajar para solucionar las deficiencias que siempre han condenado a nuestra educación?

España ha pasado por muchísimas reformas educativas… Muchos intentos de ir buscando el mejor camino para crear ciudadanos competentes y con la base cultural que, aunque parece que no esté de moda reconocerlo, nos hace mejores personas. El curso 2011-2012 ha empezado precozmente con conflictos, y los ejemplos de Madrid sirven para cualquier otra comunidad autónoma, porque ninguna ha demostrado la capacidad de acción necesaria. Ahora, con la crisis y los recortes, solo nos queda esperar y ver si la educación de este país está de vuelta o si, por el contrario, está devuelta. 



FUENTES: