viernes, 14 de octubre de 2011

Educando al Erizo







Educando al Erizo
AIRAN CASAS

La Elegancia del Erizo. MURIEL BARBERY.  TRAD. DE ISABEL GONZÁLEZ-GALLARZA. SEIX BARRAL. 2007. 367 PÁGINAS


Si piensa que un erizo es elegante y refinado a pesar de su coraza, es inconformista, se siente rodeado de gente que no le entiende y le apasiona el mundo de la cultura (Por muy exóticas que sean sus preferencias en este campo) descubrirá con esta novela una pequeña joya de la nueva literatura francesa.

     Muriel Barbery pinta con acuarelas un lienzo literario vivo, que le hará reflexionar sobre el valor de algunas de las cosas que nos rodean y en las que muy pocas veces nos fijamos. Sin ninguna pretensión más allá de la recreación en el mundo del arte y del pensamiento, y con la tarea de crear algo mínimamente original en un universo en el que ya todo está inventado, se va trazando la sencilla historia de un edificio parisino donde conviven algunas almas perdidas que no son lo que parecen ser.

     ¿Qué tendrían en común una vieja portera y la pequeña hija de una familia adinerada? Entre los vecinos del número 7 de la calle Grenelle nadie sospecha que estas dos mujeres se sienten alienadas y frustradas por no poder expresar su pasión por el cine clásico, la cultura japonesa o la filosofía entre otras cosas. Ocultas en sus solitarias vidas y en las etiquetas que la sociedad les ha colgado, buscarán remedios para poder aprovechar su paso por la vida (Y en el caso de la pequeña, la búsqueda de la muerte) con filosofía de andar por casa, sin saber que el destino las unirá gracias precisamente a todas las cosas que tienen en común.

     Estamos ante una novela llena de apariencias desenmascaradas, de hipocresías perseguidas, y de una amplia gama de bellas reflexiones sobre la vida, incluyendo la gastronomía, el dinero, la educación, la política, el cine, el amor y hasta la elegancia de los animales, todos ellos tratados desde una curiosa perspectiva de falsa ingenuidad. Barbery colorea en tonos pastel a unos personajes envidiables que son el centro de atención de la trama, y pinta en sus bocas estas exquisitas reflexiones que llevan al lector, de lo sublime de la simpleza mundana, a lo enriquecedor de lo profundo y  de la complejidad de la mente humana. La combinación de colores, bien estructurada y coherente, y la sencillez de la trama, se complementa con diversas tonalidades de monólogos cargados de humor inteligente y rebosantes de crítica constructiva, en un estilo narrativo que recuerda al cine de Jean-Pierre Jeunet, solo que en vez de tener a una estoica Amelie, eterna espectadora de la vida, nos encontramos con dos personajes muy activos psicologicamente y atractivos, que pronto se hacen cómplices del lector. Estos personajes se encuentran además dentro de una atmósfera dickensiana contemporánea. Si bien Dickens azotaba duramente las penosas condiciones sociales de la Inglaterra victoriana, Barbery hace lo mismo con nuestra actual sociedad consumista y superficial, a lo que no nos quedará más remedio que darle la razón. 

     Y el resultado final de esta composición de luz y color es un cuadro original, vistoso, con alguna que otra pincelada surrealista y con trazo impresionista. Una pieza de esas frente a las que tenemos que pararnos a analizar en profundidad y a la vez disfrutar de su belleza. Una experiencia artística digna de cualquier pinacoteca que se precie, que si usted quiere, la podrá exponer en su propia biblioteca, y de la que sin duda, sacará más de dos buenas citas para dedicárselas a alguien.  


jueves, 13 de octubre de 2011

Un paso inesperado: El regreso de Steps








Un paso inesperado: El regreso de Steps
 AIRAN CASAS


5, 6, 7, 8… Stomp! Posiblemente no te suene nada de esto… Si es así es porque posiblemente pasabas de las grandes bandas de los 90… Sí, esa época que vio nacer y morir a la música pop más colorista y divertida.

          Hace un par de años atrás, el Reino Unido, la gran cuna del pop noventero, ha visto como los grandes grupos del género de esa época se han reunido. Take That, All Saints, Boyzone, Spice Girls, A1, Blue, B*Witched… Aquellos que formaban parte de la banda sonora de la adolescencia de muchos de los de mi generación volvían a intentarlo, con mayor o menor suerte. Faltaba uno de esos míticos grupos por regresar al candelero; uno cuyo final fue triste y devastador…. Ahora, diez años después, y tras limar asperezas personales, Steps han vuelto para cerrar su carrera y conseguir un final feliz de una vez por todas.

Steps en 2011



Steps comenzaron su andadura musical en 1997, con la idea de ser una versión moderna de ABBA. Realmente en su música y en su apariencia siempre latía esa esencia del grupo sueco, e incluso algunas de sus canciones, como After the Love Has Gone podría haber sido perfectamente extraída de alguno de los triunfales discos del grupo.


Un más que claro homenaje a la música de ABBA.



La banda estaba formada por tres chicas: Faye Tozer, Lisa Scott-Lee y Claire Richards, y por dos chicos, Ian “H” Watkins y Lee Latchford-Evans. En el grupo, como ocurría en ABBA, las chicas llevaban el peso de las canciones, pero los chicos tuvieron numerosas ocasiones de lucir su voz también. Si hay una intérprete destacable en el grupo es la de Claire, que siempre fue una de las principales solistas por su voz operística y potente.


Say You'll Be Mine. Con un video cinéfilo.


El nombre de Steps se origina en una estrategia de marketing en la cual, cada canción que lanzasen tendría una coreografía sencilla para que el público pudiera seguirla junto al grupo. Sin embargo, su música pasó pronto de ser la típica melodía festiva a crear himnos del pop de los 90. Detrás de la producción musical, nombres como Pete Waterman, el padre musical de la Kylie Minogue de los 90, Bananarama o Donna Summer, que supo impregnar las canciones del grupo de su estilo fresco y fácilmente reconocible. Además, supieron lanzar versiones de clásicos de la música pop y hacerlas suyas, como Better The Devil you Know (de Kylie Minogue) Last Thing On My Mind (Bananarama) y uno de sus éxitos más conocidos, la versión más conocida del clásico Tragedy de los Bee-Gees.

Con esta maquinaria detrás del escenario, Steps pronto triunfó y se convirtió en uno de los grupos de mayor éxito de la década, aprovechando el tirón del pop y de los grupos de chicos y chicas que por aquel entonces dominaban las listas de ventas. Entre los éxitos conseguidos por Steps están dos singles número uno (Tragedy/Heartbeat y Stomp) dos álbumes en el número 1 (Step One y Steptacular), catorce singles consecutivos que entraron directamente en el top 5 y dos millones de entradas vendidas para sus conciertos. Fueron en total diez millones de discos vendidos los conseguidos por este grupo, y todo esto sólo en el Reino Unido. 


Posiblemente su canción más conocida: Tragedy.



Sin embargo, el éxito de Steps no fue muy grande fuera de Europa, aunque pueden presumir de haber sido los teloneros de Britney Spears en su primera gira, y haberse dado a conocer en EEUU por ello. En España eran poco conocidos, pero con el lanzamiento de Stomp (De su tercer disco) empezaron a escucharse aquí con frecuencia.

Aparte del éxito de ventas, el éxito como fenómeno fan, que los convirtió, entre otro merchandising, en muñecos tipo Barbie. En sus conciertos se podía ver el entusiasmo de sus fans. ¿El secreto? Eran cinco chicos sencillos, cercanos… Ninguno de ellos era un modelo de belleza, sabían cantar y bailar, y llegaban al público con su amabilidad.

Sin embargo, todo llegó a un fin inesperado para muchos, incluido para algunos de los miembros. Hace poco se supo que la relación entre los componentes del grupo era muy conflictiva. Uno de los miembros, H, tenía una relación sentimental con el manager del grupo, y a ojos del resto, eran él  y su mejor amiga Claire los que cantaban los solos de las canciones y se llevaban toda la atención. Sin embargo, fueron precisamente ellos los que tramaron un plan para abandonar el grupo en cuanto acabaran el último concierto de su gira de grandes éxitos Gold en 2002. Antes de salir al escenario, el resto del grupo recibió una fría carta en la que H y Claire presentaban su dimisión, llevándose con ellos a productores y manager para un futuro proyecto musical como dúo. Lisa, Faye y Lee de repente se habían quedado sin grupo, y sin trabajo… Y ocurría el día de navidad.

Here and Now, una de sus últimas canciones.


Pronto H y Claire lanzarían su álbum como dúo, que era una extensión de la música de Steps… Y a pesar de algunos singles muy buenos como DJ o Half a Heart, fracasaron. También lo hicieron los intentos de los otros miembros del grupo, Como Lisa Scott-Lee, que trabajó por labrarse una carrera en solitario con poco éxito, o Faye Tozer, que se lanzó al mundo de los musicales como último remedio. Steps habían demostrado que el éxito que tenían juntos jamás volvería.

Diez años después, las chicas son mujeres. Esposas y madres. Los chicos también tienen su vida organizada… Y aquí es donde comienza este nuevo capítulo (Y más que probablemente el final) de la historia del grupo. A principios de 2011, con el fervor de las reuniones musicales sobre la mesa, Steps deciden sentarse a hablar e intentar poner un mejor fin a la historia del grupo. Con el contrato de la cadena de televisión Sky para hacer un documental de 4 capítulos sobre la reunión (Aún en emisión) y el lanzamiento de un nuevo recopilatorio, el grupo ha vuelto para recordar a las nuevas generaciones que ellos hicieron historia en la música inglesa.


Stomp fue la canción más conocida del grupo en España.


Y con una Faye más dulce que nunca, una Lisa mucho más segura de sí misma y el resto del grupo motivado, Steps acaban de anunciar que harán una gira de conciertos por el país y que el disco recopilatorio incluirá una nueva versión del clásico de ABBA Dancing Queen. No podía ser de otra manera:  acabar como empezaron.

Y con esta noticia, la alegría de sus fans, y de nostálgicos de los noventa, que cuando ven los videos de Steps se horrorizan de sus vestimentas y del exceso de azúcar en sus canciones… Pero que en el fondo de sus corazones los echaban muchísimo de menos.  Y yo lo admito: Volver a poner Summer of Love o la mejor canción del grupo, Deeper Shade of Blue a todo volumen en los altavoces de mi ordenador me ha traído muchos recuerdos y el deseo imposible de que no se vuelvan a marchar.


Deeper Shade of Blue es para muchos la mejor canción de Steps.


Para más información: Web oficial de Steps y Generation Steps
Vídeos tomados del canal oficial de Steps en VEVO.


miércoles, 12 de octubre de 2011

Yo también odio a mi jefe








Yo también odio a mi jefe
AIRAN CASAS


Todo el mundo ha oído hablar del mobbing. El término viene del inglés “mob” que hace referencia a una masa de gente vengativa y furiosa, y también sirve para definir a la “mafia”. De ahí la verbalización de este sustantivo para definir el acoso psicológico que se produce en los entornos laborales.
           
El mobbing puede ser ejercido (y en la mayoría de los casos es así) por las personas que llevan las riendas de la actividad laboral sobre sus subordinados, aprovechando esta relación de poder. El objetivo suele ser que la víctima abandone (Muchas veces se ejerce para no tener que pagar indemnizaciones) o simplemente por presionarla para que rinda más. También el mobbing lo pueden hacer los propios compañeros, por motivos similares (Tal vez para evitar que la víctima se promocione en lugar de ellos)

Las formas en las que el mobbing se puede aplicar son varias… Unas más sutiles que otras… Pero siempre pasando por acciones directas como humillaciones, vejaciones y aislamiento. Según los psicólogos Andrea Adams y Tim Fields, autores de MOBBING: Emotional Abuse in the American Workplace indican que las víctimas suelen ser personas excepcionales, que normalmente han demostrado tener, inteligencia, capacidad, creatividad, integridad, eficacia y dedicación. En otras palabras: Se suele hacer mobbíng al que destaca, con la evidente intención de eclipsarlo, creando en esa persona todo tipo de ansiedad, miedos y una consecuente insatisfacción en su trabajo y su entorno laboral.

Yo, por suerte, nunca he experimentado ese acoso, o al menos que yo sea consciente de él (Depende mucho de la manera individual de soportar ciertos problemas) pero sí que he podido ser espectador de primera fila de cómo algunos individuos amorales hacían la vida imposible a varios de mis compañeros en diferentes trabajos. Puedo afirmar que el mobbing está presente, y puedo ratificar a Adams y Fields en el perfil de la persona que sufre el acoso. Es más, me atrevería a proponer un perfil del acosador: personas completamente incapacitadas para coordinar a un equipo, con baja autoestima y una baja capacidad intelectual que se siente amenazada por las capacidades de sus empleados.

Durante mi trayectoria profesional he tenido jefes admirables. Cuando estuve trabajando en radio y en prensa, mis superiores fueron personas cercanas, abiertas a nuevas ideas. Respetuosos y grandes profesionales, de los que tuve el gran placer de aprender la profesión y de poder ser testigo de su calidad profesional. Lo más admirable de todo es que eran personas cercanas y humildes. Por otro lado, también me ha tocado estar subordinado a personas inmaduras, inseguras, sin talento… Personas a las que básicamente el puesto les venía muy grande, y bajo esa perspectiva, fallaban en su trato con los empleados. Estaban siempre a la defensiva, y lucían un gran y aplastante orgullo. En ese caso, como subordinado hacía lo que se esperaba de mí, pero no sentía ni un mínimo de respeto profesional por ellos. Y cuando pasa eso, todo empieza a fallar. Fue en los entornos en los que ellos tenían el poder donde viví esas situaciones de acoso profesional.

He presenciado como una compañera sufría el acoso constante de un compañero de trabajo con el que tenía que compartir espacio varias horas al día. En esos casos ella tenía que tragarse las bromas de mal gusto, los comentarios hirientes, las malas caras y las humillaciones que vivía cuando el acosador, además, buscaba aliados. Uno de los aliados que encontró fue el jefe de turno. En ese caso, mi compañera no aguantó más y estalló un día, que era precisamente lo que querían que hiciera. Tras una baja por depresión, y como no podían deshacerse de ella fácilmente en esa situación, la empresa mágicamente se disolvió y se creó otra con otro nombre diferente, que despidió y volvió a contratar a los trabajadores… Excepto a ella. ¡Qué curioso! Dicen que quien hizo la ley hizo la trampa ¿No?  Lo peor del caso es que además, esta estratagema hizo que los otros trabajadores perdieran su antigüedad… Fue todo un logro empresarial que acabó con varios problemas a la vez. Orgullosos deben estar.

En otro lugar pude ver como una jefa trataba a una compañera de modo diferente a los demás, sin motivo aparente. No la dejaba hablar, desechaba sus ideas, le exigía mucho más que a los demás, le hablaba secamente, le atribuía la culpa de cosas que ella no había hecho… Fue un caso un poco más leve, pero esa compañera, que además era de las más competentes y eficaces del equipo, era tratada con un desprecio constante y evidente. ¿Cómo se puede sentir una persona que es la diana de los dardos envenenados de una persona desequilibrada?

Finalmente, en otros trabajos, he conocido, por ejemplo, un director general irascible, que cuando estaba de mala leche insultaba y humillaba a los trabajadores, recriminándoles incluso que le iban a hundir la empresa, a otro tan inseguro de sí mismo que buscaba que sus trabajadores fueran sus amigos, y los ponía en la brecha de “O estás conmigo (en todo y para todo) o contra mí”, a otro director que nos “sugirió” amablemente que votáramos a X partido político enj las elecciones autonómicas si no queríamos quedarnos sin trabajo o a una a la que sin mediar palabra le caí mal y me mandaba los trabajos más tristes y patéticos del grupo.

A veces me pregunto por qué en algunos casos, como en algunos de estos que he vivido, no  hay un motivo aparente para ese trato. En algunas ocasiones, y no sé lo que opinarán los profesionales del tema, creo que algunas personas necesitan ser déspotas con los demás porque sí, por llenar alguna parte vacía en sus vidas. El poder, a pesar de que les da la vida, les sienta muy mal.

Ya de por sí, la situación económica y laboral hace que se creen unos contratos tiranos con condiciones infrahumanas… ¿Es necesario además tener que aguantar a un ser enfermo haciéndote la vida imposible? A veces no se dan cuenta de que el trabajo es la vida… Es el sustento de cada uno, y el entorno laboral es aquel donde pasamos el mayor tiempo de nuestras vidas.

A muchas empresas posiblemente esto les importe muy poco. Saben que el entorno en el que están jugando les favorece. Saben que si tú les fallas van a tener a mucha gente dispuesta a cobrar menos y ser más dócil haciendo incluso más de lo que tú haces. Los contratos que te hacen están pensados para que si exiges más de lo que te corresponde, puedan deshacerse de ti fácilmente, y encima nuestros políticos aumentan las facilidades para que te hagan esto, amparándose en que de esa manera las empresas van a contratar a más gente. Mentira… sólo conseguirán que te despidan si no piensas como ellos.

Los que no nacimos en la Casa Real ni en el seno de una familia burguesa estamos completamente solos, y lo peor de todo es que no estamos unidos. Somos, de hecho, los grandes culpables de lo que está pasando, porque cuando nos dan el golpe lo único que hacemos es poner la otra mejilla (Así nos ha educado la mayor empresa del mundo) y si se lo dan a un compañero, sólo sabemos mirar hacia otro lado.

Y hay gente que tiene la suerte de toparse con un jefe honesto, humano y humilde. De esos que creen en la premisa de que si un trabajador es feliz en su trabajo rendirá mucho más y no pondrá sus capacidades al servicio de otra empresa en cuanto se despisten. Los hay, porque, como dije anteriormente, he tenido la suerte de conocerlos. A esas personas… Felicidades… Deberían saber que son privilegiados. Que son de los pocos que no se sienten mal y que no tienen que ir diciendo por ahí aquello de “Yo también odio a mi jefe”.


La implacable Nonoe




La implacable Nonoe
AIRAN CASAS


Jamás podré olvidar el primer recuerdo que tengo de Nonoe. Todo aquello era nuevo para mí y andaba un poco perdido… Pero supongo que es normal hacerlo cuando llegas a un nuevo trabajo, ya que, entre la emoción por empezar a hacer algo que realmente te gusta y los nervios de empezar una etapa nueva, el corazón te late a mil revoluciones y tus ojos se abren como tulipanes en mayo, intentando absorber todo lo que te rodea, como si fueras una esponja.

            Tras pasar el portal de Majoy Comunicaciones, muy sobrio y ordenado, el primer rostro que vi fue el suyo. No recuerdo bien si sus labios dibujaron una sonrisa. Creo que sí, pero no me atrevería a jurarlo. De haber sido así, ese efímero momento de cordialidad sería el único que habría podido presenciar sobre ella. Todo pasó muy rápido aquel día, pero a pesar de no recordar ese detalle, jamás podré olvidar su postura, su olor y su aura. Y eso que yo no creo en esas tonterías de las auras, pero ella tenía una y muy visible.

            Lo más llamativo de aquella situación fue esa famélica figura, insignificante y pálida, casi translúcida, erguida sobre dos zapatos. Sus rasgos orientales eran un auténtico misterio, pues no sabía leerlos. Suelo ser muy bueno leyendo rostros… todos menos el suyo. Es algo extraño… como si tuviera una especie de protección para ocultar lo que era. Los ojos rasgados y el pelo negro eran un amplio cartel luminoso que atraía las miradas de todos los que se enfrentaban visualmente a ella por primera vez. Y sí, el aura… Eso era funcionalmente relevante… El aura que me inquietaba y me atraía a partes iguales. El aura misteriosa de la que a partir de aquel día iba a ser mi nueva jefa.

            Nonoe Kagoshima. Un nombre con guasa. Había venido a España hacía unos doce años desde Hachinohe, una ciudad pesquera en el norte de Japón. Algunos dicen que llegó a la empresa por amor, arrastrada por uno de los socios de Majoy Corporation International, otros, los más ruidosos, dicen que empezó desde lo más bajo a escalar posiciones hasta convertirse en esa mujer a la que yo llamo “La implacable”. Por la empresa se habla mucho de ella… No es extraño. “La China”, como la llaman aquí la mayoría, se ha ganado ese honroso título de ser la persona más despreciable de la empresa… Y ella ni siquiera lo sabe. Aunque lo intuye… Porque esas cosas antes o después acaban llegándote de una manera o de otra… La cuestión es… ¿Le importa?

            Aquel primer contacto con Nonoe no pasó de ser “correcto” o simplemente formal. Me llamó y me saludó fríamente para hacerme pasar hasta el lugar donde ejercería mi trabajo. Las oficinas suelen ser muy frías, pero esta lo era especialmente. Me senté en mi sitio, rodeado de completos desconocidos, algunos de ellos también nuevos, y ella presidió la fila de mesas de manera solemne. Justamente, mi sitio fue a caer muy cerca de su trono presidencial. Tras unas breves instrucciones, nos instigó a que empezáramos a producir, así que los trabajadores cogimos los teléfonos y empezamos a llamar buscando clientes. Miré hacia ella durante una milésima de segundo, y justo en ese momento ella me miró a mí. Ese encuentro de ojos me hizo sentir un escalofrío muy incómodo y aparté mi mirada… Ese aura… Pensé por momentos en la oscuridad de su mirada, pero decidí continuar con mi trabajo sin darle más importancia.

            Aquel primer día estaba siendo agotador, pero al mismo tiempo, el misterio de conocer lo nuevo lo hacía al mismo tiempo muy emocionante. En aquel momento jamás me hubiera imaginado que aquellos primeros días tan emocionantes acabarían convirtiéndose en lo que acabaron siendo: Una escabechina samurai.


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            La hora de la comida era sin duda el momento más interesante del día en aquella empresa. Una mesa con diez comerciales es algo a tener en cuenta, pues en ella no falta nunca el parloteo y el intentar superar con ingenio los comentarios que han dicho tus compañeros. Y hablando de compañeros… Los diez comerciales que formábamos el quipo de Nonoe éramos demasiado diferentes entre sí, pero juntos, no sé por qué motivo, funcionábamos bien. Supongo que se trataba de una operación matemática consistente en que uno sumaba con sus virtudes las carencias que el otro tenía. Entre los diez éramos cinco comerciales nuevos. Cinco plazas que habían quedado desiertas, según me pude enterar después con el modo cotilleo encendido, porque ninguno de ellos aguantó los embistes de Nonoe. ¿Era posible que una persona tan insignificante pudiera ser tan peligrosa?

            Entre los nuevos estaba Flor. Era una chica a la que perfectamente podría definir como “feliz” puesto que su simpatía adornaba aquella oficina con su misma presencia. Era todo lo opuesto a Nonoe: Era gordita, risueña y dejaba ver todos y cada uno de sus sentimientos y emociones. A veces su ingenuidad jugaba en su contra, puesto que en más de una ocasión acababa decepcionada con su trabajo porque, como ella solía decir, “Yo no sé engañar a la gente”, algo que para aquel trabajo era esencial. Por otro lado, ese carisma que indudablemente tenía, la convertía en una valiosa pieza para la empresa. “Eres necesaria pero no imprescindible” Oí a Nonoe dirigirse a ella con estas palabras, intuyendo que ese carisma no le gustaba nada a la Implacable. Más de una vez acabó llorando en el baño, escondida para que nadie viera que lo pasaba fatal.

            Por otro lado, Aldo era otro de los nuevos. Enterado como él sólo, un poco pelota y algo huraño, pero no era mal chico. Su principal defecto era que se entretenía con el mismo murmullo del viento, y cualquier excusa para no trabajar era inmejorable. Eso sí, delante de los jefes, era el más aplicado y eficiente. Más de una vez intentó hacerle ver a Nonoe que algo que yo había conseguido había sido producto de su esfuerzo.  No le daba mayor importancia, porque sé que este tipo de trabajador siempre acaba cometiendo un error que lo delata… y el tiempo me daría la razón.

            Julia era una chica muy segura de sí misma. En el fondo odiaba este trabajo, ya que ella había estudiado Biología, y ser comercial era solo un estado transitorio… un trabajo con el que poder sobrevivir mientras aparecía su deseado proyecto de investigación sobre el cambio climático. Siempre admiraré su tenacidad, su capacidad para hacer de lo que odiaba una simple rutina más, y que nadie sospechara que estaba incómoda. Como ella misma solía decir “Es en estos trabajos que no te gustan donde más debes esforzarte, y cuando tu jefe es un auténtico payaso, es cuando más dócil y sumisa tienes que ser” Y ciertamente ella así lo hacía, aunque en el fondo, sabía que era muy infeliz, no sólo por no estar haciendo lo que realmente le apasionaba, sino por tener que tragárselo todo y no poder expresar abiertamente sus ideas ni demostrar lo que ella valía realmente.

            Finalmente estaba Sergio, que sin duda era el individuo más llamativo del grupo. Sergio se había criado en un barrio obrero, y aunque había hecho un master en ADE, esa vena barriobajera seguía latente en él, indiscutiblemente inseparable de su ser, que había sido domado por la educación superior y el sistema. Eso precisamente lo convertía en un ser atractivo… Esa capacidad que tenía para pasar de la reflexión más profunda y de la genialidad de sus ideas al más vulgar y grosero insulto. Si de algo pecaba Sergio era de soltar por su boca todo lo que pasaba por su mente, incluidas las grandes expresiones de su ego, que cada día salían en mayor medida para disgusto de los demás, como su inconformidad con la política opresiva de la empresa. No es necesario ser muy inteligente para saber quién fue, pues, la primera víctima de la Implacable Nonoe.

            Todos estábamos sentados en la mesa del “office” para comer juntos, como establecía la norma no escrita de la empresa. Durante esos primeros días era el único lugar donde realmente podías conocer a tus compañeros, aunque entre llamada y llamada (Entre batalla y batalla mejor) también podías ir moldeando la personalidad de cada uno. Los veteranos, que más bien parecían supervivientes de un holocausto caníbal, siempre estaban juntos… Un poco aislados del resto, y siempre te dirigían miradas complacientes cuando comentabas algo del trabajo. Alguno alguna vez hasta se atrevió a dedicarme alguna advertencia que otra sobre lo que decía en voz alta “Aquí se enteran hasta de lo que piensas” Me dijo tras mirar alrededor, comprobando que nadie le escuchaba. En general, los veteranos vivían un poco aislados, lo cual me extrañó al principio. Por eso los nuevos hicimos migas rápidamente. Supongo que compartiendo todo lo que nos convertía en “los nuevos”. Cuando estábamos en medio de una hilarante charla en la que Julia comentaba cómo había conseguido encasquetarle uno de nuestros inservibles seguros a una ancianita habiéndose hecho pasar por una jubilada felizmente asegurada, de repente se abrió la puerta de la sala y entraron Nonoe y Cipriano. Se hizo el silencio y respiré una tensión extraña entre los veteranos… que sutilmente se fueron redistribuyendo en la mesa para ocupar los huecos vacíos que quedaban en algunos lados, por lo que Nonoe y el otro se sentaron entre los nuevos.

Cipriano, por decirlo de alguna manera, no era más que un monito de feria… Una marioneta de Nonoe, mujer a la que admiraba y por la que habría hecho cualquier cosa. Curiosamente, Cipriano era el superior directo de Nonoe, y consecuentemente de todos nosotros, pero eso no lo supe hasta más tarde. Ante mis ojos, él era una herramienta más de la Implacable… Un tipo realmente banal, vacío en contenido, sin conversación y sin inteligencia. Cada vez que abría la boca era para decirnos “Chicos, hay que trabajar más” o para elogiar a Nonoe en todo lo que hacía. Su feminidad histriónica también lo hacía peculiar, al igual que su imagen… Bajo, gordo, calvo y cuarentón. En ese primer contacto pude comprobar que definitivamente su puesto le venía muy grande… y por eso se escudaba siempre en su fiel japonesa. Días después de aquel primer encuentro, casualmente me encontré a Cipriano en una convención del manga japonés a la que acudí. Curiosamente allí me reconoció y me empezó a hablar de su gran afición por la cultura japonesa. Era un auténtico otaku, un seguidor de todo lo que tiene que ver con el país del sol naciente. Incluso en sus groseras y simplonas bromas hacía referencias a lo japonés, como cuando una mañana llegó pálido y mareado, y tras preguntarle qué le ocurría contestó sin miramientos que su novio le había dejado “el culo como la bandera de Japón”.  Su mal gusto era tan evidente como su obsesión por lo oriental, y consecuentemente, por Nonoe.

En aquella primera comida todo parecía bastante cordial, pero los comentarios reincidentes sobre la mala situación en la que se encontraba la empresa retumbaban en nuestras cabezas como una amenaza. “Y Nonoe os estará vigilando constantemente, y si no os ve trabajar, o encuentra alguna incorrección, os hará como yo con este sashimi” dijo Cipriano con su tono de voz agudo mientras cogía con unos palillos un trozo de salmón crudo y se lo metía en la boca masticándolo como una hiena. Nonoe entonces esbozó en su firme rostro una mueca leve, casi imperceptible, pero no dijo nada. Realmente era una mujer de pocas palabras. Digamos que sólo hablaba lo justo y necesario, y casualmente las veces que no hacía no era para hacer un cumplido… Más bien al contrario. Hacían una extraña pareja ambos… Extraña y complementaria… Aunque estaba claro quién de los dos era el cerebro y cual el brazo ejecutor.

Lo comprobé el día que se produjo la primera muerte. Ocurrió casualmente durante una comida. Tras unas semanas en aquella empresa los nuevos habíamos comprendido por fin por qué los veteranos evitaban sentarse cerca de los jefes… Cuando llegan se siente un vacío en la mesa… Ellos monopolizan las conversaciones y sólo hablan de trabajo o de las conquistas sexuales de Cipriano, que sin reparos las relata con pelos y señales mientras comemos. Además está Nonoe… Le repugna toda la comida del catering… no hay nada que le guste y a todo le pone mala cara… haciendo que sea imposible que le pegues un mordisco a tu filete sin sentir que te está mirando con unas nauseas insoportables. Por suerte Cipriano siempre lleva en su tupper su ración de comida japonesa y una ración para Nonoe… de la que siempre pica algo con sus palillos… aunque malamente la he visto comer más de seis granos de arroz. En aquella comida Nonoe empezó a contar que habíamos perdido a muchos posibles clientes porque todos estábamos imitando el estilo de Sergio a la hora de vender. Aquello nos sentó un poco mal a todos, pues al menos yo jamás había imitado a nadie, aunque siempre estés abierto a que tus compañeros te enseñen cosas… Pero… ¿A Sergio? Seguro que la mayoría de mis compañeros pensaban que Sergio era la persona a la que menos había que imitar en su estilo de endiñarle un seguro a la gente. Sin embargo, esto, y como era lógico, enfureció a Sergio más que a nadie, y mientras los demás se callaron, él explotó con todo lo que llevaba guardado en su interior desde que empezamos. Que si el contrato era una basura, que si tratábamos a la gente como idiotas, Que si Nonoe era una jefa insoportable que además no hacía nada… Eso último fue acompañado del sonido de un trueno en la lejanía La cuestión es que dijo lo que ya muchos empezábamos a pensar, pero lo dijo llevado por la furia de sus entrañas de barrio obrero y sin el mayor miramiento. Creo que él creía que su forma de haberse quejado le había dado puntos a la vista de los jefes. Él es de esas personas que piensan que ser sincero es mejor que ser educado, y su sinceridad hizo que sin darse cuenta, Nonoe le lanzara sin inmutarse, y mientras se comía uno de sus seis granos de arroz, un shuriken en toda la frente, haciendo que su cuerpo inerte se desplomara completamente sobre la mesa.

La sangre que se había vertido en aquella mesa era una advertencia para los demás, que esa tarde no dejamos de vender seguros sin mirar a otro lado que no fuera a la pantalla del ordenador. Sergio salió del despacho de Cipriano refunfuñando e insultándolos a todos:

-Eres un gran imbécil Cipriano, uno de los grandes, y tú y tu china se pueden ir a la mierda -empezó a gritar en la oficina cuando le habían dado los papeles correspondientes de su despido. -Y todos ustedes también por comemierdas. – Añadió en su maldición mientras salía por el siempre impoluto hall de la empresa. La situación fue bastante violenta, pero lo fue más cuando miré a Nonoe y en su rostro, lejos de hallar a una persona avergonzada o incluso sorprendida, vi una gran satisfacción y una reafirmación de su poder.

Días después se supo, mediante el común cotilleo, que el difunto Sergio había confesado en más de una ocasión a algún compañero que Nonoe fue realmente la que lo había obligado a vender seguros de la manera que él lo hacía (Y que supuestamente gustaba a Nonoe). Fue a través de las correcciones que ella le iba haciendo como Sergio acabó con una forma agresiva de tratar al cliente y pocos escrúpulos a la hora de ser sinceros con las coberturas que incluía… Y además, había tenido pocos resultados en cuanto a las ventas. Por supuesto, al haber sido un fracaso la estrategia, lo había tenido que pagar él ¿Podría haber sido todo una estratagema de La Implacable para librarse de Sergio?


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-Y entonces me encontraba vestido con un safuku, atado a la cama y mi luchador de kendo me azotaba con un shinai mientras me lamía sobre…”

-Cipri, es suficiente- Dijo Nonoe repentinamente interrumpiendo la última y casi ininteligible fantasía sexual de Cipriano, una de las muchas que nuestro admirable jefe solía contarnos a la hora de comer.

Habían pasado unos meses desde que había ocurrido el “incidente” de Sergio y ya las repetitivas conversaciones sobre las maneras japonesas y sobre las aventuras sexuales de Cipriano nos resultaban pesadas e inadecuadas a todos. Eso cuando no se ponía a criticar a antiguos trabajadores. Le encantaba hablar de cómo había echado a tal o a cual trabajador, a los que exponía como trofeos de caza. De Sergio y su inminente eliminación estuvo alardeando mucho tiempo. Nadie soportaba esas conversaciones, pero ninguno decía nada, sino que lo escuchábamos y acabábamos riéndole las (insípidas) bromas sobre sexo, y agachando la cabeza cuando volvía a “tirar a dar” sobre nuestro trabajo y lo mal que lo hacíamos. Ese último aspecto se había convertido en una rutina. Creo que no recuerdo haber escuchado ninguna palabra de ánimo de parte de ellos, a pesar de lo desalentador que era el trabajo en sí… Y sin embargo parecía que el listón lo ponían cada vez más alto. Y así, las cuatro ventas obligatorias de cada día por comercial se convirtieron en seis, y al final nos requerían ocho. Eso hizo que todos nos tuviéramos quedar a menudo un par de horas más para poder llegar a cumplir esa nueva “reforma laboral” que se habían sacado de la manga, supuestamente para no contratar a nadie más para sustituir a Sergio. Evidentemente estaban abusando, pero nadie decía nada. Nadie quería ser la siguiente víctima de Nonoe… Pero la hubo. Claro que la hubo.

-¿Y tú Aldo? ¿Cómo te gustaría que te lo hicieran? ¿Te gustaría con un japonés también? ¿O ya lo has hecho con uno? –La pregunta de Cipriano retumbó en las cabezas de todos los que estábamos sentados a la mesa, seguido de un silencio implacable. Aldo, nervioso, se levantó y salió del office lo más rápido que pudo, avergonzado… Tal vez pensando que así podría aparentar no haber escuchado las preguntas… Pero el silencio era demasiado evidente.

            Durante los tres primeros meses en la empresa, Aldo había sido para sus jefes el empleado perfecto. Nunca protestaba por nada, era dócil y atento. Cada mañana saludaba con efusividad a los jefes, y Nonoe lo tenía en gracia. En cuanto a su trabajo… Aldo cumplía. No tenía grandes ventas, pero llegaba a los límites (Más tarde sabríamos que Aldo le vendía seguros a toda su familia, que semanas después cancelaba) pero ante los jefes siempre fue impecable, y se cuidaba de no hablar más de la cuenta con los demás. Cada lunes invitaba a café y rosquillas a los jefes, con los que pasaba un buen rato comentando el fin de semana. Con el tiempo incluso llegó a entrar en el restringido círculo de amistades de Cipriano. Se llegó a rumorear incluso que ambos compartían algo más que salidas de fin de semana y sesiones de cine japonés de terror en casa… Pero eran sólo rumores… Rumores que se vieron acentuados cuando poco después de empezar a tener una relación más que profesional con los jefes, Cipriano lo nombró, con pompa y globos de colores, coordinador del equipo.

Ese ascenso repentino de categoría de Aldo fue inesperado. Para empezar… No tenía ninguna utilidad ni función… De hecho antes de ese momento no existía esa función. Seguía haciendo lo mismo de siempre pero con la nueva medalla en la solapa de su camisa. En segundo lugar, Aldo había demostrado no tener capacidad real como comercial, y había gente mucho mejor preparada para ascender, como algunos de los veteranos o como Julia, que trabajaba sin parar. Creo que ella fue la que más se sorprendió con todo esto, pues trabajaba duro con la idea de ascender.

Lo cierto es que desde entonces Aldo trabajaba aún menos y su relación con los compañeros empezó a enfriarse. Pasaba las horas en el despacho de Cipriano, encerrados ambos o con Nonoe. Algunos llegamos a pensar que la verdadera función de Aldo era la de informar sobre los movimientos de los comerciales. De hecho, se intuye que Aldo estuvo implicado de alguna manera en el despido de Sergio. En cualquier caso, el colegueo entre él y Cipriano era cada vez más evidente.

Sin embargo, estos últimos días anteriores a lo que pasó en el office habían sido diferentes. Creo que todo empezó a raíz del viaje. La empresa hacía una convención internacional en Singapur, y Cipriano decidió llevar a Aldo como acompañante en lugar de a Nonoe, como al parecer solía ser lo normal en esas ocasiones especiales. Durante los días previos a ese viaje Nonoe fue más tirana que nunca con nosotros, llegando incluso a aumentar el número de ventas obligatorias por comercial, y obligándonos a hacer muchas horas extra sin sentido. Su carácter estaba más irascible que nunca. También cambió mucho la relación de Nonoe con el propio Aldo, que pasó de ser su mano derecha a que apenas le dirigiese la palabra… Al menos ella no le hablaba a él, porque éste se desvivía por complacerla. Y el café de los lunes se convirtió en el café de cada día… Pero Nonoe es la “Implacable Nonoe” por algo, y nunca volvió a dar su brazo a torcer. ¿Se había acercado mucho a su territorio? ¿Había osado plantarle cara a ella, la gran poderosa yakuza de las aseguradoras?

Cuando acabamos la comida volvimos a la oficina, y Aldo se encontraba en su ordenador trabajando, avergonzado aún por el inoportuno comentario de Cipriano, que lo había humillado delante de todos. A partir de ese momento Nonoe lo controlaba mucho más que antes. No le quitaba el ojo de encima durante cada uno de sus movimientos, en sus idas y venidas del despacho de Cipriano, que eran mucho más escasas que antes.  Es como si algo hubiese pasado en ese viaje y Aldo hubiese decidido desconectar de todo aquello. Pronto volvió a relacionarse más con el resto de compañeros, volvió a hacer ventas y sus visitas al despacho desaparecieron. Y progresivamente su muerte se iba acercando…

Lenta, progresiva… desalentadora… Como la muerte de un veneno que se va extendiendo por todos tus órganos y los va apagando hasta que quedan completamente dormidos. El haberse distanciado de Cipriano y Nonoe hizo que lo vieran como un enemigo peligroso… Como alguien que tenía demasiada información y no podía continuar con vida.  Pronto y ¡OH que sorprendente! Nonoe descubrió la incapacidad de Aldo para el puesto que ocupaba y lo atravesó con su espada cuando menos se lo esperaba… Herido y desolado, abandonado por ellos mismos… y por sus compañeros… Aldo cayó de rodillas en el suelo y murió.  También murió con él esa horrible tradición de ir a comer juntos cada día, algo que ya detestaba hace tiempo.

-Hemos despedido a Aldo porque no trabajaba –Nos justificó el mismo que poco tiempo antes lo había ascendido por sus “grandes cualidades” – Y esta empresa no puede permitirse a gente que no trabaja.- En realidad lo echaron porque de repente Aldo decidió dejar de seguirles el juego… Pero eso es algo que ellos, aunque lo sabían, jamás iban a aceptar. Por supuesto, Nonoe dejó de ser tan severa con nosotros los días posteriores, y siguió con su habitual modus operandi como si nada hubiese pasado.



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“Quiero diez ventas diarias sí o sí”  fue la frase que más oí los siguientes meses en la oficina. Nonoe había vuelto a subir el listón una vez más… Y nosotros, con el mismo sueldo y menos ánimos, tuvimos que cubrir las dos bajas de nuestros compañeros sin rechistar. Había un gran descontento y frustración entre nosotros, que cada vez hablábamos más de lo mal que iba el país, la empresa, y llegábamos a la conclusión entre risas de que sería conveniente que Nonoe tuviese relaciones sexuales más frecuentes si eso podía cambiarle el humor. Hasta nuestra querida compañera Flor dejó de ser tan risueña como siempre. Estábamos francamente hartos, por el tiempo que había pasado, y por las injusticias que teníamos que tragarnos.

¿Qué cuantas veces pensé en dejarlo? ¡Miles! Pero aquello no era una posibilidad. Tal como esta el mercado laboral… Y hay que pagar facturas, y hay que vivir, y pagar gasolina para venir a trabajar… ¿No es patético? Tenía muchas conversaciones así con Flor. Era un tema monopolizador, pero era lo que estábamos viviendo. Pero si para mí era complicado… más lo era para ella.

Desde el primer día, Nonoe nos dejó bien claro a todos que no soportaba a Flor. Eran personalidades muy diferentes, y la simpatía natural de Flor irritaba a la antipatía de la japonesa. Cada vez que Flor hacía algún comentario gracioso Nonoe ponía una mirada de asco que todos podíamos percibir. Además, la miraba de arriba a abajo, desaprobando su físico redondeado. Era evidente que no había ningún tipo de afinidad personal, pero eso Nonoe lo llevaba al terreno profesional. Flor era sin duda la que más presión tenía del grupo… cuando iba a comentarle algo a Nonoe esta no le hacía caso o la hacía callar de mala manera, le daba mil desplantes, la infravaloraba siempre diciéndole que no sabía vender… Incluso su mal sake lo demostraba a diario cancelándole ventas que eran completamente correctas (y similares a las que los demás hacíamos) argumentando cosas absurdas para justificarlo.

Lo peor de todo era que Flor no sabía llevarlo bien. Su baja autoestima personal hacía que creyera a pie juntillas todo lo que La Implacable le decía… Esforzándose aún mucho más por complacerla… Pero todos sus intentos fueron en vano. A pesar de que hacía más horas que nadie, a pesar de que jamás fue a quejarse a Cipriano de lo ocurría (y que todos veíamos), a pesar de que las escapadas al servicio a llorar eran cada vez más frecuentes, y a pesar de que todos la alentábamos para que hiciera algo… Flor fue la siguiente víctima de Nonoe y tuvo una de las muertes más dolorosas que recuerdo.

Agotada por hacer horas extra para cumplir sus objetivos, una mañana nuestra Flor estaba más marchita que nunca. Nonoe la consideraba tonta o algo por el estilo, y al ver su debilidad aquel día la acosó a preguntas sobre una de las ventas que había tenido hacía unas semanas. Flor, que no podía más con su alma después de una larga noche en la oficina intentando realizar sus diez ventas, y harta de ser humillada a diario, se vio indefensa ante la batería de preguntas de Nonoe, que la acabó acusando de irresponsable con su trabajo, de inútil y de ignorante (Cuando todos sabíamos que Flor no era en absoluto así) Aquel enfrentamiento acabó con una visita de Nonoe al despacho de Cipriano, que por supuesto y como siempre pasaba, ignoraba todo lo que pasaba en la oficina, pues su mente estaba en otra cultura o entre las piernas de algún hombre peludo, y todos pudimos ver como la japonesa había perdido la serenidad letal de la que siempre había presumido para gritar y pelearse con Cipriano, que sinceramente, apreciaba a Flor como todos los demás. Desde fuera pudimos ver como el lenguaje corporal de ambos estaba exaltado, vibrante, como una representación de kabuki, en la que ambos discutían. Ya desde el incidente de Aldo la relación entre ellos parecía algo más distante de lo habitual, pero aquella discusión pública era una evidencia de que algo oscuro estaba ocurriendo en el paraíso. Las últimas palabras de Nonoe fueron “O ella o yo” y se marchó del despacho cerrando la puerta violentamente. Cipriano se dio cuenta de que lo habíamos presenciado todo, y salió para decir que siguiéramos trabajando y cerró la cortinilla del despacho acristalado.

A última hora, antes de marcharnos, Cipriano volvió a reunirse con Nonoe en su despacho y llamó a Flor. Tras más de una hora encerrados, la puerta del despacho se abrió y apareció el fantasma de Flor para despedirse de nosotros. Lloraba, pero estaba serena, y tenía la marca de un golpe de nunchaku en medio de la frente. Su muerte había sido injusta, dolorosa y cruel… Pero tal vez había sido lo mejor para Flor. Con un abrazo intenté decirle que lo sentía, pero en vez de eso la felicité, y le deseé buena suerte. Y poco a poco su presencia se fue desvaneciendo, dejándonos a los demás con su recuerdo y con una gran verdad ante nuestros rostros.


Nonoe salió orgullosa del despacho para ver como flor recogía sus cosas, y con esa sonrisa complaciente en sus labios… Sí, al final era verdad que la había visto sonreír… Cada vez que eliminaba a alguien sonreía. Cada vez que movía las pulidas fichas de su macabro juego sonreía. Y yo cada vez tenía más claro que la que realmente no tenía autoestima era ella y no Flor. Que le tenía envidia porque Flor era simplemente mejor en todos los aspectos. Si no… ¿Por qué hacer todo esto? ¿Por qué hay personas que sólo son felices destruyendo a los demás?


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            Nada fue lo mismo sin Flor en aquella oficina, y se notaba. Los jefes habían quedado mal delante de todos nosotros, así que sintieron la necesidad de justificar el despido de flor para intentar eliminar la tontería que habían hecho de sus expedientes.

            -No hemos despedido a Flor, le hemos dado unas largas vacaciones para que se recupere porque no era feliz. Venir a trabajar no es sólo vender seguros, es venir con una sonrisa a nuestro puesto de trabajo, y hacía mucho tiempo que Flor no sonreía- fue el estúpido discurso que nos quisieron vender.

Y era verdad que flor hacía mucho que no sonreía, pero ¿Nunca se llegaron a preguntar qué le pudo haber pasado a una chica risueña para acabar en ese tono de gris? Yo lo sabía… Todos lo sabíamos… Era porque Nonoe le había estado haciendo el más brutal mobbing desde el día que pisó la empresa, y ella había tenido la madurez de aguantarlo y de ser una profesional. Todos sabíamos que aquel despido había sido injusto, y Cipriano era el primero que lo sabía, pero en este tipo de personas, los remordimientos son… inexistentes.

            Sin embargo, yo sí que los tenía, por no haber ayudado a Flor lo suficiente… Por haber presenciado como Nonoe la ponía cada día entre la espada y la pared y no haber sido capaz de enfrentarme a ella. Sabía que Flor y yo no podríamos hacer nada solos, pero los demás no querían verse involucrados.

-Nadie va a sacrificar su puesto de trabajo por ti, ni tú por ellos- decía Julia constantemente.
-Pero… Si no lo intentamos… estamos permitiendo que sigan abusando de nosotros.
-Alfonso, la época de los sindicatos ha pasado. Ahora sólo somos hormiguitas que ellos crían para hacer dinero. Si no les interesas, te aplastan… Y no les será difícil ni costoso hacerlo, porque el contrato que te hicieron y que tú firmaste se lo permite.
-Julia, pero no podemos permitir que nos traten así… ¡Y menos ellos!
-Yo odio este trabajo tanto como tú, pero tengo que sobrevivir, y sé que si nos vamos a quejar por algo seremos los próximos. Las empresas hoy en día no quieren a gente eficiente… como tú hay miles, y están deseando conseguir tu puesto de trabajo… aunque sea una basura.
-Yo creo que si todos nos unimos… algo podremos hacer…
-Sí, haremos que nos echen a todos y contraten a otros a los que sí puedan controlar… Sé realista Alfonso… Has vendido tus principios a esta empresa por mil euros. Acéptalo y vive con ello, o vete a buscar otra cosa que te haga más feliz, pero te digo yo que todo lo que hay disponible es más o menos igual.

Las palabras de Julia eran muy duras, pero ciertas, aunque siempre he creído que hay que intentar las cosas. Ella misma era un ejemplo de mujer soñadora… Mi remordimiento hizo que hablara con los demás compañeros… quería que juntos fuéramos a Cipriano a quejarnos del trato que Nonoe tenía hacia nosotros… Si había la más mínima esperanza de cambiar algo, tendríamos que intentarlo. Total… Estábamos ya en esa etapa en la que había cero motivación hacia lo que hacíamos… Si no lo hacíamos ahora íbamos a acabar como los veteranos, que parecen zombis. Creo que el respeto, el valorar tu trabajo y el no acosarte son aspectos imprescindibles que hay que mantener en cualquier trabajo. Nadie me apoyó.

Julia siempre se había quejado de todo lo que pasaba, y la consideraba una compañera eficaz… Pero vi que en realidad, esa eficacia la había convertido en una víctima más del sistema. Su inteligencia se volvía egoísmo, y su estoicismo se volvía autocomplacencia y cobardía. Ella decía que quería solucionar el problema del cambio climático… Y sin embargo ni siquiera tenía fe en si misma en una situación tan cotidiana como esta. O sería que yo ya estaba simplemente harto… Decepcionado.

Pronto Nonoe percató que algo nos pasaba… esas conversaciones a escondidas… supongo que nuestras caras tristes y desalmadas por pasar la mayor parte de nuestro tiempo siendo seres infelices, en un entorno donde era más importante saber sobrevivir que trabajar… La situación por entonces se había complicado demasiado… El ambiente estaba contaminado y veía a Nonoe y no sentía el mínimo respeto… ni la mínima admiración, porque sabía que todo lo que ella era no era más que una cortina de humo. Sus logros los consiguió mediante no dejar de verter la sangre de los que se ponían en su camino… y Cipriano… Él era un descerebrado que lo habían puesto en ese puesto por no sé qué motivo… Ignorante de todo a pesar de creerse el más inteligente… Sentía asco por todo aquello y por tener que pasar diez horas de mi día allí.


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Y entonces llegó el día en el que me llamaron al despacho… el día en el que experimenté lo que era eso que tantas veces había observado desde fuera.  El día en el que supe que yo era el siguiente. Primero llamaron a Julia, que salió rápido y volvió a su trabajo como si nada, después de haberme lanzado una mirada de desaprobación que decía claramente “no me involucres en tu aventura”. Cuando fue mi turno, me invitaron a sentarme en una silla, fría como Nonoe.

-Alfonso, estamos preocupados porque tu rendimiento ha bajado y te vemos raro. ¿Qué te pasa?- Preguntó Cipriano ante la atenta pero siempre distante mirada de Nonoe, que sin duda era la verdadera artífice de todo aquello.
-Nada- Contesté. Estoy cansado… Puede que eso afecte a mi trabajo- Mentí descaradamente por no abrir la caja de Pandora. Ya había comprendido lo que pasaba, y en la mirada de Nonoe vi claramente que yo iba a ser su próxima víctima, ya fuese por mi amistad con Flor o porque me habrían visto la cara de sindicalista renegado, o porque alguien se había chivado de que hacía un tiempo pretendía movilizar a mis compañeros.
-¿No tienes nada que decirnos?- Insistió.
-No… dije sin intentar siquiera razonar. Si hubiese pasado meses antes lo hubiese intentando cambiar con el diálogo… Pero en ese punto ya había cavado mi propia tumba allí… Mis objetivos profesionales además estaban muy lejos de Majoy Comunicaciones… Y en definitiva… Ya me daba todo absolutamente igual.


            Salí del despacho y enseguida supe que todo había acabado. Pero mi remordimiento seguía vivo… ¿Cómo he podido acabar con las ideas pesimistas de Julia? ¡Yo no soy así! Si iba a ser la próxima víctima de la Implacable Nonoe, al menos, podría morir con dignidad, aportando algo productivo… Y entonces recordé a los kamikazes.

            Los kamikazes eran los ataques suicidas que realizaban pilotos japoneses de la Armada Imperial Japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Estos soldados llenaban sus aviones de explosivos y los estrellaban contra los barcos de los Aliados que se acercaban a Japón, con el objetivo de hundirlos y evitar que desembarcasen. Si quería hacer algo ahora, tendría que convertirme en un kamikaze. No quería venganza… quería progreso… que las cosas cambiaran. La venganza no me servía para nada.


            Así que poco a poco fui preparando una campaña de autodestrucción encubierta. Evidentemente hubiese sido muy kamikaze haber dejado de trabajar completamente y que me echaran justificadamente… Les hubiera dado la razón. Así que cuando sentí que estaba en el punto de mira trabajé el triple de lo que había hecho siempre. Conseguí más de las ventas que tenía que hacer dedicando muchas horas e incluso trabajando en casa. Ayudé a mis compañeros a solucionar algunas ventas erróneas que habían surgido, y todo ello delante de Nonoe, para que se diera cuenta de que estaba aportando mucho a la empresa. Fue una etapa de esfuerzo, de mantenerme sereno, de estar alerta de todo… Y mientras tanto, me aseguré de hacer una campaña de desprestigio propio que pasara desapercibida para todos excepto para Nonoe y Cipriano. Lancé mensajes subliminales que sólo ellos entenderían, tocándoles en su punto más sensible: su ego. Y nadie más se habría dado cuenta de lo que pasaba.


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            Y el momento en el que Nonoe me clavó la katana que yo mismo le había puesto en sus propias manos llegó. Cipriano me llamó al despacho. Ya sabía para qué era.
            -Hemos decidido que no contaremos contigo más en la empresa- Dijo fríamente. Nonoe, mientras, permanecía fuera, intentando ocuparse de no trabajar y pedirnos que trabajáramos, como hacía siempre, y así no presenciar mi muerte por encargo.
            -Ah bueno, ¿Me puedes decir por qué? Un despido sin dar 15 días de aviso tiene que estar justificado.- Tras esta pregunta dejé a Cipriano como lo que era: un ignorante. No supo darme una explicación “Tú y yo sabemos por qué” repetía, y yo le insistía que me diera una causa justificada. No la tenían. Me habían clavado la katana porque no me había posicionado a su favor. Volvían a tener a un enemigo, y de los peligrosos. Me echaron porque había seguido mi instinto de no querer rodearme de gente que se mueve por intereses personales, de gente que no aprecia la profesionalidad sino que promueven el amiguismo y la manga, el hoy por ti, mañana por mí. Me habían echado por tener principios… por no apoyar los despidos injustos de mis compañeros, por tener voz  e ideas y expresarlas y por no seguir su juego infantil.

Cuando Alfonso salió de aquel despacho, con las manos y el abdomen ensangrentado, nadie se creía lo que había pasado. Nadie entendía por qué a mí. Ni siquiera los administradores que me hicieron los papeles daban crédito. Julia, como siempre enfrascada en su trabajo, ni se dio cuenta de lo que había pasado, y cuando se enteró me miró con una sonrisa pícara como diciéndome que al final me había salido con la mía.

 -No sé qué le habrás hecho a Cipriano. Lo siento- me dijo extrañado el director financiero de la empresa cuando fui a recoger los papeles esa misma tarde.

-La cuestión es qué se ha hecho Cipriano a sí mismo- le contesté sin reparos.


Y mi suicidio no fue heroico, ni liberó al mundo de la tiranía de las empresas y de los jefes con problemas mentales y afectivos que le hacen la vida imposible a los demás… No fue así, pero sé que mi ataque final puso un granito de arena para dejar en evidencia lo terriblemente dañinos que son algunos, y revelar de qué palo están hechos. Ellos mismos ya se habían desenmascarado con sus actos, con sus decisiones estúpidas y con sus comentarios. Yo sólo di un motivo más de por qué esas personas no debían estar donde estaban.

Poco después supe que hubo reestructuración en Majoy. Se descubrió que Cipriano hacía ciertos trapiches con las horas de vacaciones, regalándole ciertos favores a los trabajadores que eran afines a él o algo así. Algo que enfureció a los accionistas y que le costó el puesto. En fin, nada sorprendente viniendo de una mente prodigiosa como la suya…

Supe que Flor, Sergio y Aldo están contentos en sus nuevos trabajos… los veteranos seguramente sigan zombificados… Julia siguió trabajando duro pero veía como, uno tras otro, una serie de incompetentes eran ascendidos a mejores posiciones antes que ella. Y sobre Nonoe… No supe nunca nada más de ella. Supongo que tuvo la inteligencia de esconder todas sus acciones tras el tontorrón de Cipriano… O tal vez volvió a Japón arrepentida de haber jodido a tanta gente, y envuelta en un halo de pétalos de sakura… Jajaja No creo… Sólo espero no volver a encontrármela jamás en la vida.

Y yo… Bueno… dejar Majoy fue una de las mejores decisiones que he tomado en la vida. Llegó un punto en el que Alfonso no era más que un personaje dominado por lo que le rodeaba en el trabajo y un ser amargado. Me había convertido en algo muy parecido a la Implacable Nonoe. Un leve reflejo suyo. Ahora ese Alfonso descansa en paz con la cobardía que siempre tuvo, con ese miedo a luchar por intentar ser feliz en el trabajo… ¡Y en la vida!